miércoles, 25 de abril de 2012

En 120 años de cine, 120 películas: Etapa muda: del Ku Klux Klan a la revolución proletaria

Introducción

  En la última entrega de los Oscars la gran ganadora fue la película muda "El Artista". Dicho film tiene como mayores méritos la transgresión. Transgresión un tanto inocente: en una época dominada por el cine sonoro hacemos una película muda. Este "mérito" le ha significado el reconocimiento de toda la crítica especializada. Algo similar ocurre con las películas en blanco y negro, las cuales suman un par de puntos más por el hecho de estar filmadas en esa escala cromática sin que se cuestione si esa decisión estética esta justificada o no. Volvamos a "El Artista", la película, si la comparamos con las  películas mudas de las décadas del 10 y 20 no pasaría de "normalita". Sin embargo, en el contexto del cine actual, resulta inflada y sobrevalorada.
  El comienzo de nuestro repaso de la lista: 120 películas para los 120 años de cine nos brinda la excusa perfecta para que aquellos que quieran disfrutar de cine mudo lo hagan con películas que son verdaderas joyas del séptimo arte.


El Nacimiento de una Nación (1915)


 “El Nacimiento de una Nación” narra la historia de dos familias norteamericanas que la guerra civil las termina enfrentando. Esta historia de drama familiar está traspasada por eventos trascendentes en la historia de los Estados Unidos, como la ya mencionada guerra civil, el asesinato de Lincoln o la primera fundación del Ku Klux Klan. Entre los círculos de la  crítica especializada hay un consenso en señalarla como la película fundacional del cine. Mejor dicho del lenguaje cinematográfico tal como lo conocemos hoy en día. Es una piedra angular de la historia del séptimo arte y una referencia ineludible para todos los grandes directores. A su vez, marcó una referencia para las posteriores producciones norteamericanas y el camino que tomaría Hollywood unos años más tarde.
  La joya de Griffith es tan importante como controversial. Controversial en su contenido: una exaltación al espíritu esclavista del Sur y la glorificación del surgimiento del Ku Kux Klan como reserva moral del país. No obstante, eso no le quita el mérito para considerarla una obra de arte con mayúsculas. Si bien es posible que la siguiente película de Griffith: “Intolerancia” sea superior técnicamente, nosotros preferimos elegir a “El Nacimiento de una Nación” por considerarla la madre de todas las películas posteriores.
  La cinta fue revolucionaria en varios aspectos técnicos: el encadenamiento de planos con sentido narrativo (la cámara filma sólo cuando hay acciones trascendentes para la trama), primeros planos para enfatizar detalles, montaje de planos en tiempos paralelos, la utilización de flashbacks, diversos tipos de fundidos, uso de travellings y ángulos novedosos, variaciones del punto de vista del narrador.
  Griffith alcanzó su cenit en la década del 10 y el 20 pero la aparición del sonoro lo terminaría relegando de un lugar de privilegio en Hollywood. A pesar de ser una persona cuestionada desde el punto de vista ideológico, esto no le impidió ser mentor de grandes directores que lo precedieron como John Ford o Raoul Walsh. Ambos directores participaron de “El Nacimiento de una Nación” como actores, Ford vestido con una túnica en la cabalgata del Ku Klux Klan y Walsh caracterizando al asesino de Lincoln.






El Gabinete del Doctor Caligari (1920)

  “El Gabinete del Doctor Caligari” ha sido una película fundacional como lo fue “El Nacimiento de una Nación” pero, en el caso de la primera, sentó las bases del expresionismo alemán en el cine. La película narra una serie de extraños asesinatos en los que el doctor Caligari y el sonámbulo Cesare quien trabaja a las ordenes del doctor están involucrados.
  El expresionismo alemán tiene como contexto histórico de surgimiento el período de entre guerras en  Europa. En general las temáticas de las películas expresionistas retoman personajes y relatos de alto contenido mágico y romántico que funcionaban como una vía de escape y de refugio ante el difícil presente que atravesaba el país teutón. A su vez, se puede rastrear una crítica hacia el interior de la sociedad alemana que ya dejaba entrever el caldo de cultivo que luego iba a originar el nazismo.
  Desde le punto de vista técnico esta corriente cinematográfica se caracteriza por el uso expresivo de la luz. Sobre todo por el juego entre luces y sombras, esta tendencia, en ocasiones, es llevada al extremo y las sombras pasan a ser el protagonista principal dentro del plano.
  En “El Gabinete….”  en particular y las películas deudoras de esta, los acontecimientos que se narran transcurren en escenografías deformadas, asimétricas. Asfixiantes. El fuera de campo se utiliza a cuenta gotas, reservando toda la acción dentro del plano. Por otra parte, las escenas en exteriores están reducidas al mínimo y las actuaciones son extremas en su composición.







 La Madre (1920)

  “La Madre” es uno de los grandes hitos del cine mudo soviético. Basada en la novela homónima de Máximo Gorki, cuenta la historia de una madre que pierde a su esposo y a su hijo por participar en una huelga de trabajadores. Su marido es asesinado y su hijo llevado a prisión. A partir de allí, la madre toma conciencia de su situación de clase y se encolumnará tras las banderas de los obreros en lucha
  La película fue dirigida por Pudovkin quien, junto con Eisentein, fueron los más grandes cineastas de la URSS en los años veinte. Ambos dotaron al lenguaje cinematográfico de lo que se denomina montaje dialéctico/constructivista. Ellos dos, también, fueron los abanderados de llevar adelante el denominado cine de propaganda, en el cual se exaltaban los valores de la revolución rusa y las bondades del régimen comunista criticando la opresión sufrida durante la etapa zarista. En general estos filmes están caracterizados por la toma de conciencia de los protagonistas con respecto a su condición de desigualdad y la necesidad de rebelarse contra el orden establecido. En Pudovkin la toma de conciencia se genera de modo individual mientras que, en Eisentein, el héroe individualista  es dejado de lado por el héroe colectivo.
  En el caso de “La Madre”, Pudovkin narra la historia en clave de sinfonía. Es decir, dividida en cuatro movimientos distintos. En la cinta podemos apreciar la preferencia de Pudovkin por los planos cerrados antes que los generales. A su vez, dota al film de un ritmo narrativo particular, alternando planos pausados, donde la acción fluye más lentamente, con planos que se suceden con mayor velocidad, dando lugar a situaciones donde la acción transcurre con más dinamismo. No obstante, todo el film guarda una forma de “intimismo épico”.
  Pudovkin se caracterizó por una puesta en escena muy cuidada y, sobre todo, por aferrarse a un “guión de hierro” donde la planificación era fundamental para la elaboración de sus planos y escenas. A diferencia de Eisentein,  planeaba el montaje antes de rodar. Mientras que su par lo hacía en la etapa de post producción.






Nosferatu (1922)



  “Nosferatu” es otra de las películas claves del expresionismo alemán. La cinta es una adaptación personal que el director Murnau hizo de la novela Drácula de Bram Stoker. Si bien, en un primer momento, el director se propuso conseguir los derechos legales de la obra del escritor irlandés una disputa judicial con los herederos lo hizo imposible.
  En términos técnicos y artísticos la película es un deleite visual. Una composición poética volcada en imágenes. Lograda a partir de una puesta en escena cuidada y unas angulaciones de cámara que le agregan una expresividad notable a la narración. Asimismo, retoma las técnicas de montaje paralelo ya experimentadas por Griffith del otro lado del océano.
  “Nosferatu” respeta los lineamientos básicos de la tradición expresionista: la iluminación es clave al momento de narrar, el juego de luces y sombras y contraluces se vuelven protagonistas en todo momento (recordar la famosa escena de la sombra del conde subiendo por las escaleras). La temática de la historia: Orlok trae la peste a la ciudad, sigue los lineamientos sobrenaturales y siniestros que pregonaba el expresionismo como consecuencia de la derrota en la primera guerra y la acuciante situación económica de la sociedad alemana (lo que se denominó: sentido apocalíptico del expresionismo).






Avaricia (1924)

  Erich von Stroheim fue el primer director maldito de Hollywood. De origen judío fue otro alumno de Griffth con quien trabajó en “El Nacimiento de una Nación” e “Intolerancia”. Luego de varios trabajos como actor finalmente se le otorgó la oportunidad de dirigir. “Avaricia” fue su obra más importante (y más titánica: duraba nueve horas). La versión original de la película fue sometida a un brutal montaje que dejó el total del metraje en un poco más de dos horas.
  “Avaricia” está centrada en una historia simple: narra las peripecias de un hombre de origen humilde que consigue licenciarse como dentista. Lo que aparenta ser una vida simple y tranquila comienza a complicarse cuando su mujer gana la lotería. Situación que va a poner en cuestión la importancia y la fortaleza de los lazos humanos.
  Stroheim  tiene un gusto especial por reflejar (“Avaricia” no es la excepción) el sadismo y la miseria moral y espiritual de la sociedad. Estas ideas, políticamente incorrectas, acerca de la condición humana que mostraba su  cine nunca fueron aceptadas por la gran industria. Hollywood terminó saboteando su carrera como director cuando los estudios le cerraron las puertas para seguir filmando. Por lo tanto, Stroheim tuvo que ganarse la vida retomando la carrera de actor, encasillado en personajes en los cuales encarnaba a un general del ejército prusiano.
  Técnicamente, “Avaricia”, destaca en las escenas filmadas en exteriores, muchas de ellas utilizando sólo luz natural y por varios movimientos de cámara innovadores para la época. Stroheim supo combinar diferentes corrientes artísticas dentro de la película, sobre todo registros impresionistas y surrealistas. Muchas de las innovaciones incipientes de Stroheim en “Avaricia” luego fueron retomadas por Orson Welles en “Ciudadano Kane”.








El Gran Desfile (1925)



  King Vidor es otro referente de la industria norteamericana de la etapa muda. Su filme más trascendente y taquillero es, justamente, “El Gran Desfile” que relata los horrores de la guerra en sentido crítico. En particular, se centra en la historia de un grupo de amigos de diferentes estratos sociales que, en principio, se embarcan de forma entusiasta en la aventura bélica y luego descubrirán, en el campo de batalla, los horrores de la guerra.
  La película se convirtió en un éxito inmediato. Hay que reconocer su papel de pionera en varios sentidos. En primer lugar, sentó las bases del género bélico que luego sería perfeccionado y terminado de definir por Milestone y su película: “Sin Novedad en el Frente”. La forma de narrar también fue innovadora al combinar un registro de ficción con documental. En este sentido, Vidor utilizó imágenes de la primera guerra mundial intercaladas con escenas de la  película.
  El cine de Vidor se caracteriza por una estética cuidada y una puesta en escena puntillosa. En “El Gran Desfile” lo podemos confirmar, por ejemplo, en la escena cuando los soldados norteamericanos son derribados por los francotiradores alemanes parapetados en los árboles.






El Acorazado Potemkin (1925)


  "El Acorazado Potemkin" ha sido uno de los fims más estudiados de la historia del cine (quizás compartiendo ese honor con "Ciudadano Kane"). Por lo tanto no es mucho lo que podemos agregar a todo lo que ya se ha escrito. Recordemos tan sólo lo que afirmábamos con la película “La Madre” de Pudovkin también integrante de esta lista. Ambas forman parte de la tradición soviética del cine mudo. Un cine de propaganda, panfletario pero cuya riqueza técnica y artística no le restan méritos para considerarlas como gemas del séptimo arte. Principalmente porque son panfletos pero que no recurren a lo políticamente correcto. El problema del cine panfletario, o del arte panfletario en general, es cuando se pone lo políticamente correcto por delante de las convicciones personales y de las posibilidades creativas del autor. Por suerte esto no ocurre en estos autores, al menos, en la primera etapa del cine soviético.
  La gran diferencia entre Pudovkin y Eisentein es que, por un lado, Pudovkin pregona la toma de conciencia individual mientras que en Eisentein abreva por la toma de conciencia colectiva. El héroe no es un individuo, sino que, es el héroe colectivo, es el pueblo que se rebela junto con los marineros contra la opresión zarista. Recordemos que la película rememora un hecho histórico: el motín de los marineros del Acorazado Potemkin en el puerto de Odessa en 1905.
  Los prodigios técnicos de la obra de Eisentein son harto conocidos y quizás están condensados en una de las escenas más conocidas que ha dado el cine. Estamos hablando del avance del ejército zarista sobre el pueblo en las escalinatas del puerto.
  Eisentein se ha convertido en el abanderado de la tradición “montajista” en contra de la tradición más “realista” que promueve Bazin con su concepto angular: el montaje prohibido. Enfrentamiento que se convirtió en la gran dicotomía del cine clásico, por lo menos desde el punto de vista teórico. Algo así como bilardistas y menotistas para nuestro fútbol. Recordemos que Eisentein llevó el montaje, ya ensayado por Grifftih, a otro nivel, agregándole una cuota más dramática a la narración. Él es el gran artífice del montaje dialéctico ya  ensayado por otros cineastas soviéticos. Este tipo de montaje consiste en la superposición y correlación de planos de espacios narrativos diferentes para generar  en el espectador una operación intelectual basada en la formula hegeliana de tesis-antítesis-síntesis. A su vez, este ensayo de montaje se engrana con el uso puntilloso y preciso de planos medios, seguidos de planos detalle o primeros planos donde se muestra la expresividad de los personajes. El montaje paralelo y el uso del contrapicado para ensalzar el heroísmo de los mártires de Odessa también son herramientas que Eisentein tiene a mano. En definitiva, toda esa gama de recursos cinematográficos han sido y siguen siendo explotados hoy en día.





El Maquinista de la General (1926)


  Chaplin, que fue un genio, con el pasar de los años ha recibido el reconocimiento merecido dentro de los círculos intelectuales y de lo que podría denominarse como “La Academia”. Afortunadamente el público, la masa o el pueblo ya lo habían reconocido, integrándolo dentro de lo que denominamos el acervo cultural. Esa maraña de saberes colectivos que se vuelven parte de nuestro registro emocional e intelectual. Por desgracia no podemos decir lo mismo de Buster Keaton, un genio a la altura de Chaplin (quizás aún más por su grado de innovación a la hora de entender el lenguaje cinematográfico). Recién en los últimos tiempos, los círculos cinéfilos lo están ubicando en el lugar que se merece. Una operación similar ocurre con el gran público que está dejando de lado esa imagen estereotipada de comediante para considerarlo un maestro del cine.
  La obra imperecedera y más aclamada que nos dejó Keaton fue “El Maquinista de la General”. La historia, como buena parte de las películas de los inicios de Hollywood, vuelve hacia la Guerra de Secesión. En este caso, Johnnie Grey, el personaje que interpreta Buster, quiere enlistarse en el ejército sureño. Petición que le es denegada aduciendo que su ayuda sería más provechosa manteniendo su oficio actual: el de maquinista.  El conflicto se desata cuando espías del Norte secuestran a su locomotora con su novia dentro de ella. El hecho desatará una alocada persecución por parte del héroe intentando recuperar a sus dos amores.
  Más allá de las ya probadas cualidades de comediante, Keaton demuestra verdaderas cualidades de cineasta. La característica técnica que más impresiona es el uso de diferentes tipos de montaje que se encadenan de forma armónica para generar diversos climas en la trama y que, al mismo tiempo, encastran perfectamente en la estructura narrativa del film. Podemos encontrar tanto montaje interno, como montaje temporal o espacial en forma continua y discontinua, con diferentes variantes: usando la profundidad de campo, las elipsis, tiempos paralelo, diferentes tipos de transición y fundidos. En lo que respecta a la iluminación, la cinta hace un aprovechamiento exquisito de la luz natural, sobrecargándola un poco en planos más cerrados para añadir expresividad.






Metrópolis (1927)


  Fritz Lang es el tercer tornillo que constituye el remachado tríadico del expresionismo alemán junto con  Wiene y Murnau. De estos tres, Lang ha sido el más prolífico y el que más ha extendido su trabajo en Hollywood. En base a esto, su obra podría diferenciarse en dos etapas: la europea y la norteamericana. La primera  está asociada directamente al movimiento expresionista y la segunda engrana dentro de la lógica de la gran industria (que dicho sea de paso no hizo mermar su calidad artística).
  La etapa alemana ha dejado los dos filmes de Lang más emblemáticos para la historia del cine: "Metrópolis" y "M". Ambas películas merecían estar en la lista pero una cuestión de espacio ha generado que, injustamente, una sola de ellas integre este recuento. Hemos elegido a "Metrópolis" no sólo en base a su calidad ya que "M" posee momentos que no son cine sino que son EL CINE (tiene una de las escenas más poéticas para retratar la muerte de una niña). No obstante, nos decantamos por "Metrópolis" por el aura de culto y misticismo que circula a su alrededor.
  "Metrópolis" es la distópica visión de Lang acerca del sistema capitalista y, en un segundo plano, una reflexión crítica acerca de la toma de conciencia y rebelión posterior del movimiento obrero en su conjunto (recordemos que la revolución espartaquista había acontecido hacía menos de un década). A su vez, es una de las primeras aproximaciones del cine al género de la ciencia ficción y, en particular, a la relación deshumanizadora de las máquinas con el hombre. En este sentido, se pone el acento en el fracaso inexorable que acarrea la revolución industrial y técnica y  en la forma de influir que tiene la ciencia y la tecnología al interior de los lazos humanos. Es decir, una visión desencantada del positivismo a través del cine.
  La película plantea una ciudad, Metrópolis, divida en dos (siguiendo los lineamientos que postulaba la teoría marxista). Por un lado tenemos la superficie donde viven los burgueses, la clase acomodada. Un mundo de rascacielos y sofisticación. Por otro lado, el mundo subterráneo. Allí habita el proletariado, en catacumbas donde la oscuridad y la “mugre” lo cubren todo. La historia gira en torno de una líder carismática que encabeza la rebelión de los obreros contra el mundo de alienación y explotación que le imponen los burgueses de la superficie.
  La película no sólo se queda en lo declamatorio, en la denuncia o en el panfleto. Sino que utiliza los recursos cinematográficos para expresar la visión particular del mundo del director. La puesta en escena es la que marca la división de clases: el uso de los decorados, como están representadas las dos ciudades. La primera gótica, llenas de líneas, estructuras modernas, luminosa.  La segunda despojada, como un espacio muerto, oscuro. La forma en que los actores recorren la escena. Los primeros planos. Los juego de luces y sombras. Como esta concebido el ritmo de montaje (alienante en las catacumbas). El uso de efectos especiales funcionales a la narración. El encuadre de los planos.





Napoleón (1927)


  “Napoleón” es la película más conocida de Abel Gance, quien es definido como el Griffith de Francia (un elogio que nos parece muy adecuado). También es considerada el primer biopic épico del cine europeo y, probablemente, del cine mundial. Por supuesto que narra la historia del gran Corso, personaje fundamental en la historia del país galo.
  La cinta se enmarca dentro de lo que se denominó vanguardia francesa que incorporó elementos impresionistas en sus composiciones artísticas y que se centró en dotar de un perfil psicológico profundo a sus personajes.
  Desde el punto de vista técnico, Gance dio vía libre a la experimentación utilizando cientos de recursos estilísticos para revolucionar el arte cinematográfico: el uso de la sobreimpresión, grandes angulares, lentes distorsionadas, montajes cortos, la ralentización y aceleración de la cámara según lo requiera la escena. Llegó a incluir en el metraje la pantalla triple, anticipándose por varios años a la invención del cinerama.





Juana de Arco (1928)


  El Dogma 95, que engloba a varios realizadores daneses (entre ellos Lars von Trier), ha sido la evocación fallida y soporífera del estilo  despojado de la leyenda, también danesa, Carl Theodor Dreyer. Quizás sea, junto con Griffith, Eissentein y los expresionistas alemanes, la cuarta piedra angular que constituyó al cine como lo conocemos hoy. La gran obra maestra de Dreyer es “Juana de Arco” que, como lo indica el título, es un biopic sobre la vida de la líder-revolucionaria-mesiánica-campesina francesa.
  Dreyer inauguró una forma de narrar sobria, minimalista y centrada en la expresividad de los primeros planos. La película se basa en tres pilares: la ya citada puesta en escena ascética, los primeros planos y la descomunal actuación de Falconetti. Los escenarios son despojados y la cámara se enamora de los rostros de los actores, a partir de los cuales, se van a desarrollar una catarata de emociones y expresiones que se hilvanan la estructura de la cinta. En base a esta forma de narrar varios análisis cinéfilos toman la cita de Bela Balasz para referirse al cine de Dreyer: “la cámara penetra en todas las capas de la fisonomía: además del rostro que nos hacemos, descubre el rostro que tenemos… Visto tan de cerca, el rostro humano se convierte en un documento”.
  Dreyer no utilizaba el mecanismo de plano y contra plano, sino que, deja que cada primer plano “se la banque solo”, tanto es así que, los planos medios y generales, también se basan en la lógica del primer plano al sacarle la perspectiva y la profundidad de campo. Esta lógica de planos cerrados Dreyer la denominó “primeros planos fluyentes”. Asimismo, le asignó una particular importancia a las angulaciones de cámara y a la iluminación para remarcar la expresividad de sus planos. Un ejemplo de esto es el uso del contrapicado para retratar a los inquisidores. 





Luces de Ciudad (1931)


  Poco podemos agregar de “Luces de Ciudad”. Película de factura notable por la leyenda del cine: Charles Chaplin. Si seguimos el orden cronológico de la lista primero debería reseñarse la película de Milestone: “Sin Novedad en el Frente” pero pertenece al registro sonoro. Chaplin en el año 1931 aún militaba contra la incorporación del sonido al cine, aduciendo que traería una involución artística ya que se perdería muchos recursos expresivos que se necesitaban para narrar en clave muda.
  La cinta está arraigada en lo más profundo del sentido común y del acervo cultural de, al menos, todo el mundo occidental. Todas las personas tienen un registro aunque sea difuso de la historia de amor entre Charlot y la florista ciega.
  Para definir cuales son las capacidades expresivas del cine basta con citar el final (conocido por todos), el cual cuenta con una de las mejores miradas en la historia del cine. Charlot se reencuentra con la florista mirándola a través de una vidriera. Ella, con la vista recobrada, lo reconoce como su benefactor. Chapeau.