Los fines de la década del 20 y la década del 30 en Hollywood estuvieron signada por dos hechos fundamentales. El primero es el quiebre de la bolsa del 29 que genera un ajuste en los gastos de los estudios y la aparición de un vendaval de películas que dan cuenta de la cuestión social tanto en un primer como en un segundo plano argumental. Muchas de las historias tomaron un carácter más optimista para trasmitirle ese mensaje esperanzador a la audiencia. El segundo hecho importante es la aparición y consolidación del cine sonoro. Además, aparecen géneros fundamentales que luego definirían las décadas del 40 y 50 como la comedia romántica, el western, la screwball comedy, las películas de gangsters.También merece una mención la aparición del Technicolor que todavía no será masivo por sus altos costes. En Europa el clima belicista se hacía sentir y el cine no fue ajeno a ese fenómeno, las películas propagandísticas, el cine político ideológico, películas que ponían en evidencia la decadencia del orden moral de las clases dominantes del viejo continente.
Sin Novedad en el Frente
En el post anterior, afirmábamos que King Vidor con el Gran Desfile sentó las bases del género
bélico con mensaje crítico. Podemos decir, entonces, que Millestone
recogió el guante de Vidor y con Sin Novedad en el Frente delineó, de forma
definitiva, el formato del género bélico.
La historia es sencilla
un grupo de estudiantes fogueados por los discursos de su profesor deciden
combatir entusiasmados por salvaguardar el honor de su Madre Patria. Son enviados como carne
de cañon al frente. Una vez en el campo de batalla se encontrarán cara a cara
con los horrores de la guerra y comenzarán a vivir las penurias de ese
infierno. Cuestionándose las categorías morales que traían hasta
ese momento.
La película implicó una
revolución técnica. En todo momento intenta dar impresión de realismo para
cristalizar en el celudoide los horrores de la guerra. Lo hace a partir de un montaje
preciso.
Millestone se valió de su pericia tras la cámara para rodar escenas
inolvidables que implicaron todo un adelanto para la época.
La cámara, en diferentes escenas, utiliza
un barrido lateral para simular el efecto de la ametralladora. Aún hoy, los
planos de barrido de las trincheras son imitadas en películas como el Soldado
Ryan. La fotografía también sigue siendo homenajeada en films bélicos de todas las épocas
Tiempos Modernos
Cuando analizamos Luces de Ciudad dijimos
que la obra de Chaplin estaba ten interiorizada en el acervo colectivo que no
hacía falta redactar ni una reseña ni un análisis demasiado extensivo. Con Tiempos
Modernos pasa algo similar.
La imagen de Charlot atascado entre los
engranajes de una máquina es reconocida por todos. La
película se ha convertido en un referente de cómo el capitalismo y el
modelo fordista de producción alienan la vida de un obrero. Charlot representa
las penurias que la clase obrera tuvo que atravesar durante la Gran Depresión.
El film funciona como un ejemplo clásico cuando se alude a la cuestión social derivada del capitalismo de principios de siglo XX. Es un gran mérito para Cahplin que
cuando a muchos nos dicen palabras como capitalismo, obrero, cadena de montaje,
en algún momento se nos venga a la cabeza alguna imagen de Tiempos Modernos.
La crítica social tiñe toda
la cinta la cual nos ha dejado ciertas escenas para el aplauso. No nos referimos sólo a las de
Charlot en la fábrica, sino también cuando el personaje se encuentra liderando
una marcha obrera por casualidad o al hermoso final, uno de los más conocidos y homenajeado de la
historia del cine. Hay otro detalle interesante, la
película marca un clivaje en la carrera de Chaplin. Constituye el pasaje del director del cine mudo al sonoro. Particularmente este pasaje se da en una escena donde
Chaplin brinda un pequeño número musical, cantando una canción improvisada cómo liberándose de sus propios prejuicios hacia la realización de películas
sonoras.
Sucedió una Noche
Frank Capra, aparte de
haber sido uno de los directores fundamentales de la década del 30 y 40 en
Hollywood, también ha sido el impulsor del New Deal en el cine. Recordemos que
Sucedió una Noche se estreno en 1934, sólo 5 años después del crack bursátil del
29. La sociedad norteamericana recién se
estaba recomponiendo de la crisis cuando Capra plasmaba en sus películas
un aire optimista, esperanzador. Sin embargo, este cineasta no sólo fue la
punta de lanza de Roosvelt en el cine, sino que, fue uno de los grandes
innovadores y transgresores de esa época. Sucedió una Noche es un buen ejemplo
de ello. La película da forma definitiva al género de la screwball comedy. Por
estas pampas podemos traducirlo como una comedia de enredos, protagonizada
generalmente por una "pareja despareja". En este caso los protagonistas son los
astros de Hollywood: Clark Gable y Claude Colbert. Gable interpreta a un
periodista buscavidas, mientras que, Colbert interpreta a una chica rica consentida de papá
que reniega de su matrimonio arreglado por conveniencia y decide
escaparse. En su huida conocerá a Gable y juntos viajaran a dedo por los
caminos norteamericanos, viaje en el cual nacerá el amor entre ellos (no sin
mediar una infinidad de gags y situaciones románticas). Vale destacar que esta película no sólo
estableció la estructura narrativa de la screwball comedy sino, también, fue la
piedra angular de la comedia romántica y la road movie como nuevos géneros de
la pantalla grande. Además, la película supo sortear la censura del código Hays
con la famosa escena de Gable sacándose la camisa y quedando con el torso desnudo delante
de Colbert (recordemos que en ese momento la camiseta era considerada como ropa
interior). Capra, a pesar de haber sido encasillado ideológicamente como
conservador (es verdad que en muchas de sus películas trasmite un
individualismo ingenuo y conformista), siempre le dio a sus protagonistas
femeninas un carácter que las dejaba en
condiciones de igualdad y no de sometimiento ante los personajes masculinos.
En el aspecto técnico, Capra se caracteriza por el uso de mucha iluminación en los planos (la luz
cobra un papel relevante), el uso de diversos fundidos para marcar el corte de
la escena, utiliza el fuera de campo, un motaje lineal y paralelo, una
cámara prolija con movimientos y planos cuidados.
El ritmo narrativo, los
diálogos, los actores, la pericia para rodar del director, su carácter
fundacional del género hacen de Sucedió una Noche la comedia romántica por
excelencia en la historia del cine.
Una Noche en la Opera
Una vez Woody Allen confesó que en una noche de terrible depresión se dispuso a ver las películas
de los hermanos Marx y, como siempre le ocurría, no pudo evitar reírse y con esas risas
encontrarle el sentido a la vida. Quizás de eso se trate la magia del cine, a
fin de cuentas.
Los Hermanos Marx (sobre todo Groucho) han sido la síntesis perfecta del humor
anglosajón ¿A que nos referimos con humor anglosajón? A la combinación del
humor yanqui con el británico. Si bien pecaremos de caer en arquetipos y
simplificaciones, podemos afirmar que el humor norteamericano se resume en una
búsqueda del gag instantáneo, de lo absurdo, del chiste más inocente, popular,
infantil si se quiere. Mientras que el británico se para en la vereda del humor
más intelectual, refinado, con situaciones más complejas, sutiles. Los Marx han
sabido captar la esencia de ambos y le dieron forma a un tipo de humor que todo
el mundo puede disfrutar gracias a la gran capacidad creativa, interpretativa y el ingenio de estos cómicos norteamericanos. ¡Como se extrañan esas épocas
doradas de la comedia hollywoodense!
La elección de Una Noche
en la Opera es absolutamente subjetiva, con tranquilidad se podría haber
elegido Sopa de Ganso o Un Día en las Carreras. Sin embargo, nos inclinamos por
esta película en particular quizás porque contenga una de las escenas más recordadas del
cine cómico. Nos referimos a la del pequeño camarote de Grocho que, poco a poco, se va
colmando de gente hasta convertirse en una lata de sardinas humana. En esta escena hay que
destacar el prodigio de la cámara de Sam Wood que nos regala
unos planos y contraplanos complejísimos, con mucha gente en escena, en un
espacio muy reducido.
La historia es lo de
menos. Comienza en un trasatlántico
donde Groucho se topará con Chico y Harpo. Juntos ayudarán a fortalecer la
relación amorosa entre una soprano y un tenor, no sin mediar situaciones
disparatadas y desequilibradas, alternando la comedia, el romance y el musical.
Finalizando estas andadas en la ópera de Nueva York.
Como dijimos antes tras
las cámaras se encuentra Sam Wood. Un director todo terreno de la época que se adaptaba perfectamente a las exigencias de la industria y del
mercado. Estas características lo llevaron a mantener una carrera irregular, con
algunos puntos altos como Adiós Mister Chips o El Orgullo de los Yanquis.
Además, en su currículo aparece como uno de los tantos directores que pasó
por el plato de Lo que el Viento se Llevo. La sintonía lograda con el código
narrativo de los Marx (recordemos que también colaboraron juntos en Un Día en las
Carreras), sumado a la experiencia y el oficio tras las cámaras lo llevaron a
desenvolverse sin problemas en esta película.
El Triunfo de la Voluntad
Como ha sucedido con El Nacimiento de una
Nación, la película de Leni Riefenstahl se ha convertido en una obra maestra
maldita. Creemos que el debate acerca si una película técnica y artísticamente
perfecta que reivindica y glorifica al nazismo pueda ser considerada una obra
de arte es muy válido. Haciendo un paralelismo, si tomamos el Acorazado Potemkin, la película rusa es
una obra de arte por sus méritos artísticos y cinematográficos, por su
influencia en la historia del cine, por sus recursos de avanzada, por ser
completamente innovadora más allá que haya sido pensada como cine de propaganda
soviético.
Esto no quiere decir que separemos ideología y arte. El arte tiene
ideología. El arte es hijo su tiempo y responde a construcciones sociales de su
contexto social de surgimiento. No obstante, es verdad que las obras de arte
trascienden su contexto de producción. Quizás la mejor forma de resolver esta
paradoja es tomando las palabras de Roman Gubern que denominó a la película que glorifico a Hitler como la “obra
maestra del mal”.
El Triunfo de la Voluntad fue y sigue
siendo el mejor documental jamás filmado.Leni Riefenstahl es la
única directora de nuestro conteo (mostrando quizás el vergonzante
machismo de quien les escribe y de la industria cinematográfica). La película
fue producida por Hitler y su equipo de propaganda, quien además de genocida, era un reconocido misógino. Paradojas de la historia.
Volviendo a la película, El Triunfo de la
Voluntad documenta el Congreso del Partido Nazi en Nuremberg en 1934. Riefenstahl
declaró luego que ella hizo una película desde la neutralidad, por encargo,
sólo con avidez documentalista. Sin embargo, los recursos que emplea la
directora, nos permiten deducir una clara intencionalidad propagandística en
cada plano de la película, en el montaje preciso, en su fotografía. Sólo basta centrarse en algunas
escenas para notar la presencia de la exaltación nazi: la película comienza con un avión descendiendo entre la bruma, Hitler
es un Dios que baja a la tierra; luego se lo ve a Hitler rodeado por un aura de
luz mientras realiza el saludo nazi y en la palma de la mano se reflejaun rayo de sol dando idea de poder divino; el
fuego aparece en varias escenas y da idea de poder, de fortaleza; el Fuhrer
siempre aparece magnificado a la hora de dar un discurso; las tropas
interminables, eternas, perfectamente ordenadas recordando a las formaciones
del Imperio Romano. Estos detalles, entre otros, dan cuenta de la ideología nazi todo el tiempo.
Riefenstahl después realizaría otra película
propagandística sobre los Juegos Olímpicos de Berlin y luego de la derrota
alemana su carrera caería en desgracia. Terminó ganándose la vida haciendo
documentales subacuáticos.
La Regla del Juego
Jean Renoir fue hijo del pintor
impresionista Pierre August Renoir. Pero fue más que eso. Fue un incomprendido
en su tiempo que, luego de varios años, obtuvo el reconocimiento merecido.
Influenciado definitivamente por von Stroheim, se convirtió en un hito clave en
la historia del cine francés y mundial. Truffaut ha reconocido, en varias
ocasiones, la gran influencia que Renoir ejerció en su producción posterior.
La Regla del Juego es una crítica ácida a
la decadente sociedad aristocrática francesa previo al comienzo de la Segunda
Guerra Mundial. Renoir era militante del Frente Popular y sus películas no
esconden su militancia de izquierda. Sin embargo en La Regla del Juego, Renoir
tampoco oculta su gran sentimiento humanista. Mostrando su convicción en la
unicidad de la condición humana más allá de las diferencias de clases existentes.
Aunque en principio fue un fracaso, en la actualidad junto con la Gran Ilusión
son consideradas las dos grandes obras maestras del genio francés.
La película se basa en el libro de Musset "Los Caprichos de Mariana". Se desarrolla dentro de un castillo y narra la reunión de varias personas de la
burguesía acomodada durante un fin de semana. A medida que avanza la historia vemos una gran cantidad de tramas ocultas (muertes, amoríos) que se esconden tras el
maquillaje falso de la moral burguesa, enmascaradas tras las reglas del
juego hipócritas de la sociedad francesa de entre guerras.
Desde el aspecto técnico, La Regla del
Juego, cuenta con la impronta estilística de Renoir (quizás la más definida de toda
su filmografía): largos planos secuencia, la profundidad de campo, acciones
fluidas aprovechando todo el ancho de la pantalla, el reencuadre dentro las
escenas, la ruptura de las convenciones cinematográficas de identificación, la
improvisación actoral (demostrando su gusto por el teatro). Sobre todo es
recordada por la escena de la caza que funciona como una anticipación a la
tragedia posterior.
Historia del Último Crisantemo
En las postrimerías de la Segunda Guerra el
cine oriental todavía no se había hecho visible en Occidente aunque Mizoguchi
ya descollaba. Historia del Último Crisantemo marca el estilo y la estética del
cine japonés de esa época y de la que vendrá. Un cine intimista, de historias
pequeñas pero que tocan temas trascendentales de la condición humana, casi sin
quererlo. Siempre lo hacen de forma lateral. Películas en las que parece que no pasa nada (y pasa
de todo). No hay que confundir esta estética oriental con el cine
“contemplativo” a los que nos acostumbraron las peores películas de Bergman,
Antonnioni o el NCA (Nuevo Cine Argentino) donde abundan los tiempos muertos y
se desperdicia preciado celuloide. El cine oriental tiene una respiración
diferente, maneja otro concepto, otro ritmo que el occidental, este tipo de cine
“contemplativo” si merece ser visto, reconocido y aplaudido. Mizoguchi influenció
definitivamente a los otros dos grandes maestros del cine japonés posteriores:
Kurosawa y Ozu (sobre todo a este último).
La historia ubicada en 1885 narra el drama
de un importante actor que descubre que sólo es reconocido y aplaudido por ser
el heredero de su padre. Deprimido por esta situación va a descubrir el amor a partir de una relación con una sirvienta.
Mizoguchi utilizó sólo 140 planos para una
película de 142 minutos. Esto demuestra la preferencia del director japonés por
los planos largos, sobre todo por los planos secuencia, con unos travellings
calculados al detalle y una camara que se mueve con sutileza. A su vez, notamos
la preferencia por los planos generales antes que por los primeros planos (que
le resultaban desagradables). Es, en definitiva, una clase de cine que se toma
su tiempo, lento, pausado pero sofisticado.
La Diligencia
Soy John Ford. Hago westerns – así se definió Ford en un reportaje. Una
definición tan simple como contundente. Quizás una metáfora de su cine, que es
el que reúne a la perfección todos los aspectos de lo que significa el cine
clásico: la capacidad narrativa, la cámara sobria, mesurada, el concepto
narrativo del plano, la puesta en escena cuidada al detalle.
John Ford ha quedado en el imaginario
popular como sinónimo del western y eso es igual a decir que es sinónimo del
cine.
La Diligencia se trata (como otras tantas
películas antes citadas en este recuento) de una película fundacional. En este
caso del western. No es que el lejano oeste no había sido aprovechado hasta ese
momento pero Ford se encargó de definir los arquetipos esenciales de lo que el
western será a partir de la década siguiente.
Al final de los 30 el western era
un género menor, centrado en películas de acción y aventuras. Ford tuvo la
inteligencia de mantener esa cáscara de tiros, cabalgatas, indios, bandidos y
sheriffs rudos pero agregarle un perfil más profundo en la composición de los
personajes y en la trama. Con la diligencia se inaugura el western psicológico.
La historia se centra en el viaje de varios
personajes, cada uno con características particulares y arquetípicas: el
borracho, el forajido, la prostituta, por citar algunos ejemplos. Estos personajes se encuentran viajando desde Arizona
a Nuevo Mexico. La película centra su acción en el incremento de las
tensiones entre los personajes a medida que avanza el viaje y atraviesan
diferentes peripecias.
La película cuenta con los típicos planos
generales a los que Ford nos tiene acostumbrados. De esta forma simboliza la naturaleza
salvaje del oeste y la intromisión del hombre en ese terreno virgen. Planos
conjugados con una fotografía que nos hacen colocan al cine en un nivel artístico superlativo.
Más allá de todos los meritos técnicos que
tiene la película (que hacen que muchos críticos lo consideren el mejor western de la
historia) cuenta con otras dos particularidades que la hacen muy relevante: aquí se da la primera aparición de Monument Valley en un western (paisaje homenajeado
si los hay) y además también cuenta con la primera actuación estelar de John Wayne. Ford y Wayne sería una de las
duplas que simbolizan el cine en general, y por supuesto el western.
Lo que el Viento se Llevó
Hablamos de una de las películas más
recordadas y famosas de la historia ¿Más popular implica ser la mejor? No
necesariamente. En particular Lo que el Viento se Llevo es un parte aguas para
la crítica especializada, de alguna forma le sucedió lo mismo a Titanic (otro
coloso de la historia de Hollywood) en los noventa: algunos la ubican al tope
de las listas de clásicos y otros la califican como la película más
sobrevalorada de la historia. En nuestro
caso adoptamos una posición más equilibrada. Es verdad que hay muchas películas
mejores que Lo que el Viento se Llevó. Es más, podríamos afirmar que la otra
película de Fleming: El Mago de Oz con Judy “actitud rocker” Garland en el
papel de Dorothy, es superior. Sin embargo, Lo que el Viento Se Llevó también tiene sus
méritos (muchos). Además el fenómeno social y cultural en el que se ha
convertido nos obliga a incluirla en la lista.
La historia tiene como contexto la Guerra de
Secesión. No es raro que los años fundacionales del cine vuelvan siempre al
mito de origen de los Estados Unidos moderno. El cine como industria cultural
se estaba definiendo y esa definición no podía separarse de la reivindicación
de Estados Unidos como su precursor. Que mejor herramienta para
reafirmar las identidades norteamericanas del siglo XX que el cine de masas, que va a servir para revisar y “acomodar” la propia historia yanqui. Si algún mérito tienen los norteamericanos es que cuando exportan y
nos imponen su hegemonía cultural a través del cine, lo hacen con
trabajos de gran producción, de factura notable. El problema del cine argentino
que intentó e intenta generar alguna respuesta contra hegemónica a la industria
de Hollywood es que, generalmente, las películas son malas y se quedan en la denuncia fácil. Obviamente que el
poder económico de Hollywood determina lo que se ve y lo
que no se ve en las pantallas grandes. Pero no es una determinación absoluta. Hay otras
explicaciones que tienen que ser expresadas para aclarar este fenómeno. El tema de la calidad es una de ellas.
Volviendo a Lo que el Viento se Llevó, la
trama es la siguiente: Scarlett una joven aristocrática sureña (Vivien Leigh)
vive en su mansión rodeada de esclavos negros y todo tipo de lujos. Sin
embargo, el hombre al que ama está comprometido con su prima. Butler (Clark
Gable) será el hombre que luchará por el amor de Scarlett durante toda la
película. Los conflictos amorosos se irán sucediendo a lo largo de varios años con
la Guerra de Secesión como telón de fondo. Desde el punto de vista ideológico la película funciona como un
acto de reconciliación de los ejércitos enfrentados, donde los héroes son
individuales más que pertenecientes a un bando u otro. Los esclavos negros
también son tratados con cierta “neutralidad”.
La puesta de escena del film intenta hacer
un juego simbólico de opuestos. el paso del tiempo reflejado sobre todo en el
rostro de Leigh; el vestido blanco juvenil y el vestido negro de luto; los días
primaverales de Tara contrasta con la oscura noche en la casa de Atlanta. Para
los amantes de las simetrías en el cine, esta cinta nos regala una deliciosa.
En la apertura vemos un travelling que se acerca hasta un primer plano de
Scarlett y en el final un mismo movimiento de cámara culmina con el primer
plano de un rostro avejentado de la protagonista. A su vez, podemos recordar
otros planos que han quedado en la historia del cine: los atardeceres sureños
anaranjados y rojos, desangrándose o el travelling mostrando los cadáveres
luego de la batalla.
Como curiosidad los laureles de la película como director se los llevó Victor Flemming. En realidad, la filmación se dividió entre cinco directores, entre ellos
Sam Wood y George Cukor. Las malas lenguas cuentan que la película estaba
pensada para que sea filmada en su totalidad por George Cukor pero fue
desplazado del proyecto por desavenencias con Gable ya que, el director, conocía
secretos de la homosexualidad reservada del mito de Hollywood.
Que Verde Era mi Valle
John Ford se aleja del lejano Oeste y se
muda a las minas de carbón galesas. En
un pequeño pueblo, en el siglo XIX, una familia tiene que afrontar vicisitudes económicas ante la caída de los salarios que afecta a todo el pueblo minero.
El film le arrebató el Oscar a El
Ciudadano. Quizás Hollywood prefería premiar la historia de unos mineros
honrados, trabajadores, religiosos y despolitizados en medio de la II Guerra
Mundial, cuando los norteamericanos, todavía, miraban por la ventana como los
europeos se mataban.
La historia mantiene el ADN fordiano: atmosferas narrativas muy densas, mucha información sugerida de manera sutil y
a través de la puesta en escena. El uso de expresivos picados y contrapicados,
una fotografía como siempre destacada. Los contrastes son para tener en cuenta: el verde
luminoso del valle donde se encuentran los valores puros de una familia
cristiana contra el humo negro de las minas que amenaza la unidad de las
familias de los mineros, para citar un ejemplo.
Con esta historia Ford nos deja un
testimonio de su cosmovisión del mundo ¿Era conservadora? Si. Quizás a algunos le
hubiera caído más simpático que Ford hiciera a sus mineros comunistas y
combativos, agnósticos, luchando contra la propiedad y reivindicando la
solidaridad internacional del movimiento obrero. El maestro del cine hace otra
cosa. El film es una excusa para reivindicar sus origenes irlandeses, su
educación católica y su consecuente militancia religiosa. La importancia de la
familia como unidad fundamental donde se realzan los valores más importantes.
La importancia de la unidad de los trabajadores para salir adelante, pero nada
de trapos rojos ni puños en alto. Nada de sindicatos, ni sus burócratas. Ese
era John Ford, reivindicando sus ideas de forma artística, haciendo cine
¿Habría caído mejor un Ford jacobino? Tal vez. Pero el Ford católico y
conservador es, fue y será un genio.