Disney es malo, muy malo
De repente un amanecer.
El mejor amanecer del cine de animación y de los mejores del cine en
general. Todos los animales se reúnen frente al trono (una
particular formación rocosa de la sabana africana) para darle la
bienvenida al heredero del reino. Así comienza el Rey León. Una de
las películas clásicas y más taquilleras de la factoría de
Disney y, seguramente, el mayor panfleto conservador de finales del
siglo XX.
Walt Disney fue un mal
tipo. Mala gente pero un gran artista. Todos sabemos que era un
activo colaborador en el Comité de Actividades Antinorteamericanas
impulsadas por en el senador Mc Carty (la vieja y conocida caza de
brujas). Es decir, fue un buchón de sus compañeros de trabajo. Un
buchón en pos de proteger el “American Way of Life”
basado en valores tradicionales como la familia, la propiedad y la
religión. Cualquier cosa (el comunismo, por ejemplo) que amenazara
ese estilo de vida merecía ser denunciado. Estos valores del “buen
americano” van a ser trasmitidos una y otra vez a través de sus
producciones cinematográficas. Películas que han sido vistas por
millones de personas a lo largo del os años y que han calado muy hondo
en el acervo cultural de las sociedades occidentales.
No es ninguna novedad
rastrear propaganda pro yanqui en los films de Disney. Recordemos los
cortos del Pato Donald de la década del 40 enfrentándose contra
Hitler o, por ejemplo, algunas escenas de Peter Pan,
sobre todo a las intervenciones del Capitán Garfio donde podemos
observar como, solapadamente, se relaciona a este “malo de Disney”
con la hoz y el martillo. El libro clásico de la década del 70
“Como leer al pato Donald” de Dorfman y Martelatt (ahora
bastante criticado por su marcada influencia del estructuralismo
althusseriano) da cuenta de esta poderosa arma de penetración
ideológica que tuvo y tiene Disney a través de sus dibujos animados. En
ese momento estos autores proponían la
necesidad de emanciparse del consumo de este tipo de producciones
norteamericanas, cosa que hoy en día vemos que está lejos de
suceder.
Monarquía absoluta vs comunismo
Volvamos al Rey León. La película admite muchísimas lecturas. Su
riqueza va más allá de ser un mero entretenimiento infantil. En
primer lugar, el argumento está basado en Hamlet, la recordada obra
de Shakespeare. Hagamos memoria: el rey es asesinado y el príncipe
se debate en una crisis existencial por vengar o no la muerte de su
padre. En el Rey León la situación es similar. Mufasa, que es el
rey, es asesinado por Scar (su hermano) quien logra convencer a Simba
(el legítimo heredero al trono) que él fue el culpable de la muerte
de Mufasa y lo envía al exilio.
Hasta ese punto la
película asume una apuesta arriesgada: transformar un clásico de la
literatura universal en una fábula para chicos. Parece quedarse ahí
(que no es poco) pero hay más. Mucho más. La segunda lectura
posible es la política-ideológica. Lectura tan jugosa que
ameritaría un libro entero dedicado a ella.
Resumamos un poco. Como
dijimos al principio del análisis, el film probablemente se trate
del último gran panfleto conservador de siglo XX. Panfleto que tiene
de todo: racismo, homofobia, misoginia, anti comunismo. Dispara sus
cartuchos en diferentes direcciones: tanto hacia los ideales de igualdad de
la revolución francesa como hacia el islamismo. Lo hace sin tapujos, recordemos que, en 1994, EEUU todavía seguía celebrando su
victoria sobre el bloque soviético. La unipolaridad del mundo y la
hegemonía neo liberal le daban la impunidad suficiente como para
expresar sin ningún reparo la exaltación de estos valores sumamente
reaccionarios.
Desde el principio, la
película nos pinta de lleno el ideal de sociedad para Disney: una sociedad monárquica estamentaria, donde la casta gobernante se
mantiene hereditariamente en el poder. Al gobierno pueden acceder
los leones machos únicamente. Ni siquiera las hembras. Ellas están
relegadas a un papel secundario. Se limitan a las labores domésticas
y a su rol de cortesanas. Sólo el mono brujo tiene injerencia en el
gobierno. Un símbolo claro de la no separación entre Estado e
Iglesia (idea que sostienen los sectores más conservadores de la
sociedad norteamericana, que se oponen a cualquier política que
presuponga “lo laico” del Estado). Por último, está el pueblo
que vive sólo para servir de alimento a la casta gobernante y para
arrodillarse ante ellos cuando sea necesario.
Hay una escena central
para descubrir la bajada de línea del film: Mufasa está
sentado con Simba y le explica el orden natural de las cosas, justificando porque ellos son los legítimos detentadores del poder en
el reino.
-Mufasa:
Mira Simba, toda la tierra que baña la luz es nuestro reino.
–Simba: ¡Vaya!
–Mufasa: El tiempo que dura el reinado de un rey asciende y desciende como el Sol. Algún día, Simba, el sol se pondrá en mi reinado y ascenderá, siendo tú el nuevo rey. Todo cuanto ves se mantiene unido en un delicado equilibrio. Como rey, debes entender ese equilibrio y respetar a todas sus criaturas, desde la pequeña hormiga hasta el veloz antílope.
–Simba: ¿Pero comemos antílopes?
–Mufasa: Si, Simba, verás, te explicaré: al morir, nuestros cuerpos alimentan la hierba y los antílopes comen hierba, y así todos estamos conectados en el gran círculo de la vida.
–Simba: ¡Vaya!
–Mufasa: El tiempo que dura el reinado de un rey asciende y desciende como el Sol. Algún día, Simba, el sol se pondrá en mi reinado y ascenderá, siendo tú el nuevo rey. Todo cuanto ves se mantiene unido en un delicado equilibrio. Como rey, debes entender ese equilibrio y respetar a todas sus criaturas, desde la pequeña hormiga hasta el veloz antílope.
–Simba: ¿Pero comemos antílopes?
–Mufasa: Si, Simba, verás, te explicaré: al morir, nuestros cuerpos alimentan la hierba y los antílopes comen hierba, y así todos estamos conectados en el gran círculo de la vida.
En el dialogo percibimos
la centralidad que se le da a mantener el status quo y el equilibrio
de la sociedad. Una sociedad sin conflictos, donde todo parece estar
en armonía, donde todas las clases están reconciliadas. Aunque, en
realidad, se trate de una sociedad que esconde la dominación de una
clase sobre la otra y la imposición de la ley del más fuerte (el
león). A su vez, la legitimidad de esta dominación asimétrica, es
naturalizada y justificada por el “el ciclo de la vida”.
Entonces, en ese contexto, no es raro pensar que los antílopes no se
quejen si se los comen los leones. Al fin y al cabo, si eso sucede
será por voluntad divina. Porque Dios lo quiere así. Ellos no
tienen derecho a oponerse. Algo similar sucedía en el mundo real al
momento del estreno. Un mundo en el que el que la URSS había
desaparecido y EEUU tenía vía libre para imponer su hegemonía a lo
largo y ancho del globo. Donde en Argentina pensábamos que éramos
parte del primer mundo. Un primer mundo armónico, sin amenaza
externa, con los dólares brotando desde cualquier lado y con la pobreza que era escondida bajo del a alfombra.
Por otro lado, el
dialogo también hace referencia al multiculturalismo, otro de los
grandes paradigmas que fueron impulsados desde el país del norte en
los años 90. El multiculturalismo, en apariencia, se presenta como
un modelo progresista al proponerse respetar las diferencias
culturales. Sin embargo, ese respeto por el otro se produce, en tanto
y en cuanto, las diferentes culturas se mantengan separadas, sin
mezclarse entre sí (como compartimientos estancos). Es decir, está todo bien con el respeto a la
diversidad, siempre y cuando, esas diferencias se mantengan bajo la
egida etnocentrista de Occidente. Cualquier “otro” que quiera
imponer su cultura por sobre la cultura dominante ya no será
considerado como un otro exótico y amigable sino que se convertirá
en una amenaza que será necesario eliminar.
Uno de los mejores y más
inteligentes villanos de Disney es Scar. Este personaje es el que
viene a quebrar el equilibrio del que tanto se jacta Mufasa. Él es
el único que se opone a su régimen. Scar, como elemento disruptivo,
tiene algunas características que lo distinguen de los demás
leones: un aspecto desgarbado, débil. Es “morochito”, más
oscuro que los otros miembros de la manada, dibujados en tonos mucho
más claros. Por si fuera poco, muestra ciertos rasgos delicados,
refinados (recordemos que Jeremy Irons le puso la voz en la versión
original, dándole ese toque de sofisticación británica), tiene
“gestos afeminados” (hasta llega a hablar en francés). En
definitiva este personaje condensa todas las cosas que espantan a los
sectores puritanos norteamericanos: la homosexualidad, la “negritud”,
el librepensamiento.
Volvamos a recordar otra
escena central: la muerte de Mufasa. Scar es el autor intelectual y
material del asesinato. Se encarga de planear la estampida que
termina provocando la muerte de Mufasa. Si prestamos atención,
cuándo se va formando la estampida, escuchamos unos coros que se
asemejan a las marchas militares stalinistas. Luego, a medida que se aproxima la muerte del rey, esta música (apenas
insinuada) se convierte en
una sinfonía gregoriana. En medio del clímax de la escena,
cuando cientos de animales corren desesperados por medio el cañón,
el cielo se enrarece, se tiñe rojo. Es la marea comunista que se
aproxima.
Muerto Mufasa (el monarca
absoluto pisoteado por su propio pueblo) y con Simba huyendo al
exilio, Scar toma el poder. El reino antes inundado de color, se
vuelve negro, oscuro, chato, como un suburbio de Europa Oriental de
la posguerra.
Más adelante, en otra escena, aparece Scar, en un significativo contrapicado, observando a las
huestes que responden a él, marchando como hacían las SS
hitelerianas, mientras que, detrás suyo, en la oscuridad de la noche
resplandece una media luna, en clara alusión al signo islámico (el
nuevo gran enemigo que los EEUU ya estaban reconociendo).
El reinado de Scar
implica la inclusión de los desclasados (las hienas) que no son otra
cosa que el proletariado que viene a despojar de sus bienes y su
situación de privilegio a la aristocracia. Vienen a imponer, en
definitiva, la dictadura del proletariado. Sin embargo, para Disney
este tipo de organización más igualitaria de la sociedad es
impracticable. Observamos como, al poco tiempo, el reino se ve
envuelto en una hambruna generalizada. Scar transforma a ese reino
feliz en la Rusia post revolucionaria hambreada por Stalin.
Las hienas también
merecen un párrafo aparte. En la versión original, estos animales
hablan y usan los modismos de las poblaciones afroamericanas. Además,
son caracterizadas como seres bastante torpes, estúpidos, incapaces
de tener iniciativa propia, necesitados de la guía de un líder
carismático como Scar. Es más, en la versión doblada al
castellano, tienen acento mejicano. Disney ni siquiera trata de
esconder cuál es su opinión sobre los camisas mojadas de
Norteamérica.
Al final de la película
Simba vuelve al reino. Se decide luego de tener un encuentro místico
con su padre. Después de pasar años viviendo la vida sin
preocupación (Hakuna Matata) entiende que su destino divino es
recuperar el trono. Entonces vuelve y de la mano de sus súbditos
(Timón y Pumba), de su antigua corte y de la Iglesia da un golpe de
Estado. Golpe de Estado sanguinario ya que tiene matar a Scar
arrojándolo al fuego. El fuego funciona como la hoguera, como el
agente purificador de aquellos que se han opuesto a la voluntad
divina.
Conclusiones
Como dijimos antes, las
profecías deudoras de los convulsionados y movilizados años
setenta, donde se preanunciaba la muerte de Disney y la emancipación
ideológica, lejos estuvieron de cumplirse. Disney sigue vivito y
coleando. Por supuesto que la razón principal es el poder económico
que tienen estas grandes compañías de Hollywood que mueven tantos
miles de millones de dólares. Sin embargo, hay otro detalle
interesante para entender lo efectivo de esta penetración
ideológica. Productos como el Rey León tan cuestionables en su meta
mensaje son notables desde el punto de vista artístico. El apartado
técnico de la película es extraordinario. El uso de la paleta de
colores, los movimientos de cámara y sus angulaciones. Como la
cámara esta puesta al servicio de la dinámica y la narración de
la historia. Sobre todo destacan los planos en picado y en
contrapicado usados continuamente y hasta un plano cenital que nos
parece un hallazgo (en el momento de la presentación de Simba). El
acompañamiento de la música también se destaca (Hans Zimmer fue
oscarizado por su trabajo) y ayuda a realzar a la magnífica puesta
en escena. Es, en definitiva, la combinación perfecta de un productos comercial pero con un valores
artístico muy alto. Películas como esta son las que ayudan a que Hollywood, en general, y Disney en
particular, impusieran e impongan su hegemonía en todo el mundo.
En todo caso no es cuestión de no intentar cambiar los condicionantes estructurales que reproducen
la desigualad y posiciones asimétricas a lo largo y ancho de todo el globo pero,
mientras tanto, hay que preocuparse también por dar la batalla cultural,
la batalla artística, No hay que perder de vista la importancia que,
en el cine, las batallas culturales no se ganan sólo con la dimensión
ética sino también con la estética.




