domingo, 25 de diciembre de 2011

Identidad de Genero

Crisis de Genero

¿Por qué cada año cuesta más encontrar grandes películas que lleguen desde el Imperio del Norte? Nosotros podemos arriesgar una respuesta: la crisis de Hollywood, es la crisis de los géneros cinematográficos.
El cine de género y sobre todo, ciertos géneros, han sido históricamente bastardeados por la llamada crítica especializada. Se los acusa de contar historias ya conocidas, esteriotipadas, llenas de lugares comunes, inverosímiles. Sin ir más lejos, hasta no hace mucho tiempo, al western no se le daba el lugar que merece en la historia del cine. 
Sin embargo, hay que insistir en diferenciar lo que se cuenta, del como se cuenta. En el cine lo importante es el como se cuenta, como dar significado a una idea a través del lenguaje cinematográfico. Por ese motivo, poco importa si la película relata la historia de una guerra entre zombies y extraterrestres (el que de la película) sino que significados se pueden construir a partir de allí (el como).  Cualquiera puede ir a ver una película de gangster de Scorsese y pasarla bien con la acción, los tiros, la sangre porque, al fin y al cabo, es una película de gangsters. No obstante, lo que hace grande al cine de Scorsese es como están contadas esas historias: la culpa cristiana que recorre todo el argumento, la puesta en escena, la idea del héroe en busca de redención. Otro caso que podemos tomar es el del maestro John Carpenter que aprovecha el terror de clase B para explorar temas más profundos. Por ejemplo Ángel Faretta, en su libro Principio de Simetría, va a desarrollar todo un análisis de la influencia kantiana en esa obra maestra del terror que es “El Príncipe de las Tnieblas” del director estadounidense.

El Principe de las Tinieblas

En estos momentos el escaso cine de genero que viene de Hollywood invirtió esta relación del que y el como. El género dejó de ser un medio para contar y abordar temas más profundos de los que “aparecen” a simple vista y se convirtió en un fin en si mismo. Una comedia romántica va a estar pensada para robar suspiros o llantos pero sólo para eso, no va a desarrollar ideas, conceptos, estéticas que no sean “románticas” y que vayan un poco más allá de la historia que se cuenta.
Podemos afirmar que si el género lo vemos como un medio para hablar de otras cosas, entonces siguiendo a Maquiavelo concluimos que el fin justifica cualquier medio.

El Género Hoy
Si afinamos un poco el lápiz podemos decir que el mayor problema se encuentra en la crisis de los géneros de la etapa clásica del cine. Nos referimos por ejemplo al western, a la comedia musical, al policial negro. No podemos negar que en los últimos años se ha producido cine de género en Hollywood. Tanto nuevo, como más “tradicional”.
Repasemos un poco: las películas de terror hace tiempo han dejado la estética heredada de las producciones de la Hammer y ahora buscan inspiración en el cine oriental contemporáneo (generando remakes prescindibles como “La Llamada”). No queremos decir con esto que el cine oriental no pueda hacer aportes positivos para la industria estadounidense, el problema radica en que la mayoría de las películas no pasan de ser una simple remake o una adaptación de menor calidad que la original. Distinta sería la cuestión si las influencias orientales sufrieran una relectura cinéfila y fueran resignificadas como hizo por ejemplo Tarantino en “Kill Bill 1 y 2”.
Al mismo tiempo, se generan subgéneros: películas de terror de adolescentes que han venido ganando lugar desde los 90 ("Scream", "Se lo que Hicieron el Verano Pasado", "Destino Final"), a las cuales también se le suman en el último período, el género terror-documental que tiene como paradigma la desechable “Proyecto Blair Witch”. No consideramos que los códigos, los argumentos y los lugares comunes a los que llegan estas películas no sean válidos, el inconveniente es que la puesta en escena, la narración, la construcción de conceptos cinematográficos, en definitiva, todo lo que el maestro “Hitch” nos enseñó, queda muy relegado en estos nuevos géneros de terror.

Scream, si es necesario aclarar
Otro género que ha ido en crecimiento en los últimos años es el de la comedia romántica. Sucede lo mismo que con los nuevos géneros de terror, no es que lo consideremos un “género menor” (el cine puede dar obras maestras en cualquier tipo de genero) el problema es que los recursos propiamente cinematográficos escasean en este tipo de películas o aparecen dispersos a lo largo del metraje.
En mi opinión el género que se ha puesto de moda y que ha encontrando un camino más interesante es el de las películas de superhéroes. Si bien dejan de lado recursos de la narración clásica y quedan (muchas veces) centrados en los detalles técnicos e influencias de “videoclip”, incorporan elementos que son bienvenidos, como una puesta en escena más cuidada, el uso de los puntos de vista, simetrías, historias más complejas, desarrollo de personajes más profundos ("Batman", "Iron Man", "Watchmen"). En algún punto las películas de superhéroes vienen a ocupar el lugar vacío dejado por los westerns de los 50 y 60, recuperando la idea del héroe (tanto crepuscular como luminoso), los villanos, el sentido de la venganza, de la justicia, del honor. Veremos si con el tiempo el género del superhéroe puede consolidar y empezar a generar obras clásicas como supieron ser aquellos westerns.

Watchmen: Superheroes del crepúsculo

El otro género que nos parece interesante rescatar es el cine de animación. A partir de Toy Story (el gran paradigma de este genero y una de las pocas joyas que nos ha dejado la década del 90) las películas de animación han dejado de buscar contar historias para chicos y han ensayado pasar a otro nivel de significación. Hay que ver solamente la escena donde Buzz toma conciencia que es un juguete y prestar atención como está usado el movimiento de cámara para retratar la soledad del héroe, la sensación de vacío. Algo similar ocurre en Up donde, en los primeros minutos de la película, con unos pocos planos se pinta el destino trágico del héroe, nos cuenta su historia y nos introduce en su subjetividad con un extraordinario manejo de la puesta en escena. Cine, en definitiva.

Toy Story

Conclusión

Seríamos injustos si negamos el género en el cine de Hollywood de hoy. Sin embargo, la industria cinematográfica, actualmente, navega sobre aguas inciertas y con una crisis creativa alarmante. La historia del cine nos dice que luego de la crisis que sufrió el cine clásico en la década del 60, el modernismo le dio nuevos aires por un tiempo. Luego, fue necesario hacer una relectura del cine clásico de los 40 y 50 y surgieron nombres como los de Coppola, de Palma y Scorssese que en los 70 no escondieron las influencias de Ford, Hanks o Hitchcock pero las resignificaron en un cine personal y contemporáneo. Hoy estos tres padrinos están en decadencia, basta ver sus últimos films totalmente prescindibles en su filmografía. Algo similar ocurre con maestros de otros géneros como Carpenter o Argento, en el caso del terror. La ciencia ficción, que había alcanzado picos altísimos a finales de los 70  y principios de los 80, con títulos como "Alien", "Blade Runner" o "Terminador" terminó cayendo en un lavaje de cara made in Spielberg y hoy parece repetirse a sí mismo, en ese tipo de estética.

Más Corazón que Odio: la cumbre del Western

Quizás sea hora de volver a desempolvar las latas de celuloide de los años 40 y 50. Volver a encontrarse con nombres como Ford, Hanks, Houston, Hitchcock, Preminger, Wilder, Welles. Volver a las raíces del buen cine. 
Esperemos que la nueva camada de directores dejen de filmar con tanto fuego de artificio y se dediquen a hacer, simplemente, cine.

domingo, 11 de diciembre de 2011

Batman: el héroe romántico contemporaneo


Batman: ¿un aparato represivo para estatal?

Batman es un héroe romántico. Al estilo de Drácula o Frankestein en el siglo XIX. Es un personaje que viene de la oscuridad, de las profundidades, gótico. Lo mueve un sentido de la justicia impulsado por las pasiones, los sentimientos más que por la racionalidad positivista.
En su último libro “Siempre nos quedará París” José Pablo Feinmann caracteriza al enmascarado como un para-policía. Es un justiciero, no encarna a “la justicia”. Siguiendo esta línea y, desde una lectura más bolche, podríamos decir que Batman representa la figura de un “grupo de tareas” que viene a imponer el orden en una Ciudad Gótica sobrepasada por la anarquía, la delincuencia y la violencia (por el terrorismo, en definitiva). Es el brazo armado clandestino del aparato represivo del Estado que entra en acción cuando las instituciones represivas legales no pueden solucionar el momento anómico de la sociedad  para restituir el equilibrio. En ese momento, tiene que emerger este personaje oscuro que no dude en torturar, si es necesario, por el bien de Ciudad Gótica. Hay otro detalle: Bruce Wayne es un empresario multimillonario. Imaginemos por un momento a Macri por las noches con una capa y una careta (esa ya la tiene) yendo al conurbano a combatir el crimen. 
Cuando el Estado no puede garantizar el orden es el mismo capitalita el que se ensucia las manos para que se restituya la “normalidad” y, de esta forma, que las fuerzas productivas puedan reproducirse y el engranaje del sistema no se detenga.
Sin embargo, Batman no surgió ni en los 70, ni en los 90. No es la encarnación del neoliberalismo. Por eso Macri (afortunadamente) nunca usaría una capa ni un disfraz ajustado. Batman surge, como la mayoría de los superhéroes, en la etapa post depresión del 30. Es un personaje que emerge de las mismas entrañas putrefactas de la sociedad norteamericana (a diferencia de Superman que viene de otro planeta). La solución esta dentro de las mismas fronteras, no en el exterior, es el triunfo del mercado interno por sobre el comercio internacional, es el triunfo del nacionalismo, de un modelo económico nacional. Por lo tanto, el hombre murciélago simboliza el rescate del capitalismo pero en su cara más humana, más social, es el superhéroe que trae debajo de su capa el Estado de Bienestar, el modelo keynesiano. Batman también es peronista.

Dejando de lado esta introducción “ideologizada” pensemos a Batman en el cine. Si hacemos un repaso histórico encontramos una película para televisión de la etapa psicodélica y andywarhollesca de los 60, donde Adam West le daba vida al superhéroe. Por cuestiones nostálgicas (y hay que aceptarlo: de cariño personal) no nos vamos a referir a esta cinta, aunque imploro que presten atención a la escena donde Batman tiene que deshacerse de una bomba. No tiene desperdicio. A mitad de los 90 nos encontramos con los dos engendros creados por Joel Schumacher, donde la puesta escena gótica de Burton, fue dejada de lado por unos escenarios chillones e infantiles. Para evitar improperios, no nos detendremos en estos desperdicios de celuloide.
Por lo tanto quedan cuatro películas para analizar: dos dirigidas por el genio creativo Tim Burton y, el otro par, dirigidas por el director más alabado y criticado (en partes iguales) que tiene Hollywood en los últimos años: Christopher Nolan.

Burton: como en casa en Ciudad Gótica

Empecemos por el “loco lindo” de Burton. El Batman de Burton es un Batman de autor. El personaje le vino como anillo al dedo al director para imprimir su estética gótica en ambos films. En la primera película de forma más contenida y, en la segunda, con “lo gótico” cubriéndolo todo.
En “Batman” de 1989 la puesta en escena de Ciudad Gótica es gris, sucia, populosa, con callejones humeantes y oscuros, todo en la ciudad preanuncia peligro (como la Nueva York por la que transita Travis en "Taxi Driver"). La acción se desarrolla en plantas químicas, catedrales góticas que se elevan eternamente hacia el cielo, edificios de arquitectura monumental. Los encuadres de la cámara son poco convencionales, respetando la esencia del comic.
Con respecto a los personajes el Batman de Michael Keaton se luce más en su faceta de Bruce Wayne que a la hora de ponerse el traje de superhéroe. En realidad, el principal conflicto que tiene el Batman de Burton es su problema de identidad, su doble personalidad. En la primera película, se hace patente a la hora de mantener su relación amorosa con Kim Bassinger pero, en la segunda entrega, el conflicto interno de Batman se va a complejizar, aún más, con la aparición del personaje de Gatúbela, que funciona como espejo en donde el héroe puede mirarse. Aquí Burton utiliza bien el efecto de simetría para darle más profundidad al personaje de Keaton.
El villano es el Guasón de Nicholson, una definición por si misma. Son inevitables las comparaciones con el Guasón de Ledger. En mi opinión, estas comparaciones no agregan demasiado al debate Burton o Nolan porque son personajes concebidos de forma diametralmente distinta. El Joker de Nicholson es un gangster que se ha convertido en un criminal psicópata. El Joker de Ledger es un personaje más complejo, un psicópata que ha entrado en el mundo del hampa, totalmente desestructurado, es puro ello (si seguimos a Freud), puro empuje pulsional. Nicholson sigue siendo un criminal y comparte los valores de criminal, continua siendo un villano convencional, aunque con ese histrionismo característico del Guasón (que se emparenta más con el personaje del comic).
El lugar femenino lo encarna Kim Bassinger que, a pesar de cumplir el típico papel de la rubia que se mete en líos y que el héroe tiene que rescatar, Burton también le asigna el lugar de la pureza en el film. Ella representa lo puro en medio de tanta basura que es Ciudad Gótica. Hay que prestar atención a los vestidos de Kim Bassinger: siempre en colores claros, pasteles, etéreos.
El lugar de la justicia no está tan explorado como en los Batman de Nolan, tal es así que ,los personajes de Harvey Dent y el comisionado Gordon son muy secundarios. La historia se centra sobre todo en el duelo entre Batman y el Guasón, lo demás es anecdótico, escenográfico.
En “Batman Vuelve” Burton va a llevar esa puesta en escena gótica y oscura a su máxima expresión. Por esta razón, la Warner no le permitió realizar la tercera película. El director se vengaría unos años después filmando “Ed Wood” en un hermoso y delicado blanco y negro (en mi opinión, la gran obra maestra de Burton).
En la segunda película del enmascarado los guiños cinéfilos continúan. En la primera Batman, la pelea entre el Guasón y el hombre murciélago en el campanario, tiene varias referencias a la obra maestra absoluta del maestro Hitchcock: “Vértigo”. En la segunda película, la presentación del Pingüino, al comienzo del film en algunos travellings y angulares nos recuerda a “Ciudadano Kane”. También en el momento de la postulación para alcalde, las referencias al film de Orson Welles son claras. Otro detalle es el nombre del verdadero villano de la historia: Max Shreck (recordemos que es el nombre del actor que dio vida al vampiro en el clásico de Murnau: “Nosferatu”).
“Batman Vuelve” intenta agregarle complejidad a la historia y a los personajes. La idea de la venganza sobrevuela todo el argumento: la venganza de Gatúbela contra su ex jefe y la del pingüino contra sus padres y la sociedad que lo condenó por ser diferente. Ninguno de los dos son villanos por naturaleza sino que el sistema, la vida los ha llevado a ponerse del bando de los “malos”. El verdadero villano es el personaje de Christopher Walken (junto con Michelle Pfeiffer, lo mejor de la película): el capitalista sin escrúpulos, capaz de contaminar Ciudad Gótica y de tratar de asesinar a su secretaria con total impunidad (Burton logra, sin proponérselo, un film de espíritu clasista).
Decíamos en un párrafo anterior que el personaje de Gatubela servía para darle mayor complejidad al de Batman, al funcionar, al mismo tiempo, como nemesis y como complemento, como objeto de identificación del héroe. “Somos iguales” le dice en un momento Gatúbela a Batman, dos identidades, dos caras.
El pingüino, por otro lado, es un desclasado, un sujeto descartado por la sociedad. Es de gran factura la escena donde los padres del pingüino (millonarios) abandonan a su hijo arrojándolo en una canasta a un arroyo. El bebe cae desde un puente (como símbolo de pasaje de un mundo hacia otro) y luego la cámara, siguiendo el viaje de la canasta, nos introduce hacia lo que se va a convertir en el nuevo hogar del pingüino.
El final de la película es de gran factura también. Por un lado, la “muerte” de Gatúbela y de Max Shreck en un orgasmo de alto voltaje literalmente y por otro, una muerte más melancólica del pingüino, donde su cadáver es llevado por otros pingüinos (estos si de naturaleza animal) hacia el estanque. El agua nos sugiere la idea de un final purificador para tan desdichado personaje (la idea del agua redentora va a ser retomada por Burton en el final de el "Gran Pez:": Albert Finney muere en el río acompañado por su hijo, el agua funciona como instancia de reconciliación entre padre-hijo).

Nolan: dualidades nietzchanas

El Batman de Nolan va explorar otras cuestiones más complejas en la estructura psíquica del superhéroe. El director nos tiene acostumbrados en su filmografía a personajes principales que tienen que luchar con conflictos internos no resueltos (reacuérdese: el Guy Pearce de "Memento", el Al Pacino de "Noches Blancas" o el Di Caprio de la reciente "El Origen"). Christian Bale (el mago con dos "personalidades" en el "Gran Truco" del mismo director) va a encarnar un Batman muy traumado, perseguido por su pasado, por la muerte de sus padres, por la idea de venganza, por la dualidad: justicia por mano propia o justicia desde el Estado. La misma música de factura hanzimmeriana nos introduce a mundo más conflictivo, deshumanizado, a diferencia de la música con pompas heroicas de Danny Elfman en los Batman de Burton. También la voz del héroe, más sombría nos remite a un personaje menos “luminoso”. La oscuridad en Nolan no va a estar centrada en la puesta en escena, como nos acostumbraba Burton sino, en el mismo personaje de Batman.
“Batman Inicia” comienza con un fundido a negro de murciélagos y, en el plano siguiente, nos encontramos rodeados de flores, como simbolo de la ternura de la infancia de Bruce Wayne, a quien vemos jugando. Sin embargo, esta fantasía de pasado idílico en la historia del héroe pronto se desmorona cuando el joven Bruce cae dentro del pozo. Esta es la primera caída de una película (en El Caballero de la Noche también se repite el concepto) donde la idea de la caída es constitutiva de la historia y de la construcción del personaje de Batman. No es de extrañar que la tercera entrega de la saga Nolan se titule The Dark Knight Rises (el ascenso del Caballero Oscuro).
La mayoría de los planos, cuando Batman se dispone a atacar, son en caída, tomados en picado. Estos planos tienen una doble significación: primero es la idea de un héroe redentor de Ciudad Gótica que cae desde el cielo para terminar con los conflictos que asolan la ciudad y por otro es el destino trágico del héroe, que se arroja al vacío hacia un mundo desesperanzado, azaroso, sin destino.
El concepto del ideal de Justicia está encarnado en el personaje de Rachel (la figura femenina aquí no funciona sólo como la mujer que el héroe tiene que salvar). Por otro lado, Batman opera como un justiciero en busca de venganza para acallar sus demonios internos. Esta tensión es la que va a torturar al personaje durante todo el metraje. También la figura del comisionado Gordon cobra más relevancia en la saga de Nolan (agradecemos la elección del bueno de Gary Oldman) trabajando codo a codo a con Batman.
El rito de pasaje en el cual Bruce Wayne se decide a convertirse en la mano clandestina de la justicia de Ciudad Gótica se muestra en la escena en la que a la salida de la entrevista con el gangster de turno, Bruce intercambia su saco con un linyera. El hombre rico que, de repente, se decide a luchar por los desposeídos. Luego Batman comienza su faena justiciera que finaliza en medio de una niebla sobrenatural, metafísica al estilo de la célebre novela de Stephen King.
El inicio del “Caballero de la Noche” se nos preanuncia con el final de “Batman Inicia”. El incendio de la mansión Wayne simboliza la pérdida del costado Wayne  en el personaje de Christian Bale (el playboy, el milonario) en la segunda entrega. Allí, la personalidad de Batman, es la que se impone. Es un héroe menos conflictuado y más decido, más inclemente, de armas tomar. No va a dudar, si es necesario, en torturar al Joker.
La película está orientada a indagar las diversas capas de la condición humana. El comienzo de la película nos brinda toda la información que necesitamos para deducirlo: un rascacielos y de repente un vidrio que se rompe, en el plano siguiente vemos la cámara que se acerca hacia la mascara del delincuente haciendo notar el problema de la identidad, luego en el momento del robo, la eliminación sistemática entre los diferentes ladrones nos llama la atención sobre la naturaleza codiciosa y el instinto de supervivencia en el ser humano. El hombre como lobo del hombre,
La figura de la Justicia está encarnada en Harvey Dent y se irá deformándo hasta convertirse en una justicia de dos caras, en una justicia del azar. El conflicto va a estar dentro de la institución y no en la psiquis del héroe. Si Batman mantenía la figura de héroe romántico en la primera entrega, ahora es un Batman más frío (tener en cuenta la puesta en escena, con predominio de los colores azulados). El lugar romántico va a ser ocupado por el Guasón, quien es la pura pasión, la irracionalidad. 
En “Batman Inicia” el personaje de Bruce Wayne trataba de conciliar dentro de su propia estructura psíquica  la dualidad de apetitos nietzchanos: lo apolíneo (el gusto de la forma, la mesura, el equilibrio) y lo dionisiaco (la pasión, el desenfreno, la anarquía). Con la emergencia del Joker es él quien encarna lo dionisiaco. Hay que tener en cuenta los movimientos anárquicos de la cámara cuando el Guasón irrumpe en el orden burgués de la fiesta de la high society de Ciudad Gótica. Por otro lado, Harvey Dent quien encarna lo apolíneo se ve totalmente desbordado por la fuerza dionisiaca del Guasón y termina convirtiéndose en un criminal. La justicia le va a reclamar ayuda a Batman para que haga el trabajo sucio que la institución no puede realizar. Batman tortura, Dent no.
La idea de dualidad esta presente a lo largo de toda la película. La misma base de operaciones de Batman, refleja por un lado una parte tecnológica y por otro la imagen de un depósito abandonado, también los escenarios tecnológicos, luminosos van en la misma dirección.
El final de la película es esperanzador. Gordon destruye la señal de auxilio. Ya no se necesita un justiciero, de ahora en adelante, la justicia va a funcionar. En la escena final la cámara sigue a Batman en su moto, saliendo de un túnel y dirigiéndose hacia el amanecer, dejando la oscuridad.

Conclusión

Intentar decidir si son mejores las películas de Burton o de Nolan nos parece absurdo. Simplemente porque son películas diferentes.
En definitiva, ambos directores aprovechan la figura de Batman para desarrollar y explorar ideas arguméntales y estéticas que son características en sus respectivas filmografías. El hombre murciélago es sólo una buena excusa para hacerlo.

Batman: el duelo Batman y el Guasón

Batman Vuelve: Muerte del Pingüino

Batman Inicia: planos en picado

El Joker y el movimiento de cámara


domingo, 4 de diciembre de 2011

Tomas secuencias... entre el humo y la revelación


El plano secuencia, en cualquier película, siempre es una jugada arriesgada. Primero porque requiere gran pericia técnica del realizador y segundo porque tiene que encajar en el relato fílmico, en su estructura narrativa. Lamentablemente en el cine contemporáneo, cada vez con mayor frecuencia, se eligen filmar planos secuencia de gran pompa pero de escasa significación cinematográfica. Es decir, son planos forzados para que la historia gane en “espectacularidad” pero que fallan a hora de la coherencia narrativa. En definitiva, son susados sólo para que los directores inflen su ego.
Nos proponemos en esta entrada dar cuenta de algunos planos secuencia clásicos y otros no tanto para abrir el debate.
Por un lado tenemos el gran ejemplo en la historia del plano secuencia en el cine: se trata del plano “orsonwelliano” de Sed de Mal. Una proeza técnica para el año 1958 y que también funciona en la estructura narrativa del film. Orson Welles acierta al colocarlo como el opening de la película ya que, a partir de este plano, se va a desarrollar toda la historia. En una sola toma de 3 minutos nos brinda toda la información necesaria que vamos a necesitar para las casi 2 horas siguientes de la película.
Los bocinazos que saturan el sonido y ese embotellamiento eterno que nos ofrece Godard en Weekend también funcionan como golpe al mentón al que nos acostumbra el “loquito” francés. El efecto sorpresa y trágico del final nos sirve para significar la “impaciencia” del medio pelo burgués francés aún ante el peligro de la muerte y lo ridículo de la ansiedad de la gente en “un fin de semana”. El sello de Cortazar esta impregnando toda la escena (recordar la Autopista del Sur). Se debe prestar atención, también, a los coches que van quedando en el camino, cada uno tiene un significado, nos quiere decir algo, nos sirven de indicio para la resolución final de la toma. Nada es arbitrario, todo se encolumna con la idea central del film.
Algo parecido sucede en el plano secuencia de Ojos de Serpiente, del maestro Brian De Palma, donde todo el movimiento de cámara zigzagueante se condice con la idea de la mirada bajo los ojos del reptil que da nombre al título. Es una lástima que el resto de la película no haya podido soportar tal comienzo para el aplauso.
Por otro lado, Tarkovski lleva su concepto de esculpir en el tiempo (lento) al extremo con sus planos secuencia. Si bien pueden pecar de pretenciosos e “intelectualoides” y hasta rozar (peligrosamente) con la alegoría (la metáfora burda) tienen su sello propio. Hay que entenderlos dentro de su cine. Quizás su última película Sacrificio (su último plano secuencia también) resumen las ideas cinematográficas del director ruso. El uso de la cámara contemplativa, panorámica  sin movimientos bruscos. Paisajes despojados. Colores poco definidos, apagados. La presencia del fuego y una escenografía acuosa que se contraponen (el concepto del agua que invade la escena ya lo encontramos en otros films como Stalker). El final del plano sella su impronta pesimista, la ambulancia que se aleja, la tarde que va muriendo y la casa que se derrumba. En definitiva, el director ruso nos puede gustar o no, pero su cine siempre responde a un cúmulo de ideas que se reflejan en la pantalla (a veces con mejor o menor fortuna).
A Kurbrick se lo acusa de ser un mago de la técnica pero sin alma. Sin embargo, con sólo ver el plano secuencia de Senderos de Gloria, cuando la cámara sigue al alto mando francés por la desolación de las trincheras francesas nos señala dos cosas. Por un lado es un ejemplo revolucionario del uso de la steadicam para esa época pero, además, es una secuencia que encaja perfectamente con la estructura narrativa del film. A partir de allí, podemos comprender el desarrollo posterior de la historia y el discurso anti bélico encarnado en el personaje del Coronel Dax contra la jerarquía militar.
La hora de la polémica llega cuando tomamos un film como Niños del Hombre del director Alfonso Cuarón. En principio podemos afirmar que es un film irregular: tiene muchos méritos y varias flaquezas. La puesta en escena que logra el realizador mexicano es notable y es admirable lo complejo que es el plano secuencia del final. No obstante, creo que Cuarón exagera con el uso del plano secuencia y la cámara en mano a lo largo de la película. Si bien la idea apocalíptica y la subjetividad tormentosa que nos trata de trasmitir la cámara, una naturaleza salvaje del ser humano (en un momento la cámara se mancha de sangre) esta presente, algunas veces se vuelve exagerada. Por otro lado en los pasajes donde la cámara se detiene, se vuelve más contemplativa, el film gana en intensidad.A nuestro entender el director mexicano limitando el uso de la camara en mano podría haber encontrado más variedad al tratar de significar la idea del hombre como lobo del hombre.
John Woo se va al otro extremo en Hard Boiled. No intenta ser pretencioso. Sólo un carnicero. Se lo agradecemos. Las muertes coreográficas y gratuitas de la secuencia del hospital son tan bizarras como geniales. Se emparenta con lo mejor de Tarantino (que a su vez supo sacarle el jugo cinéfilo al cine oriental). Un film extremadamente violento merecía el plano secuencia más sangriento de la historia del cine. Es una lástima que, en su etapa hollywoodense, Woo haya perdido su gusto por la violencia y haya sido domesticado por la doble moral norteamericana.
Por último tenemos a Joe Wright. Otro genio tecnicista. Pero esta vez no es un elogio. El plano secuencia de la playa francesa es lo mejor de su película Expiación. Nos muestra, en pocos minutos, el fracaso de los aliados por contener el avance nazi. Allí están, la desolación, la destrucción y lo absurdo de la guerra (las ejecuciones de los caballos por ejemplo). Pero es un plan forzado en la estructura del film. Es como si el director hubiera dicho “vamos a demostrar que bien manejo la cámara”. Es evidente que esta resuelto con mucha belleza (la puesta en escena, la música) pero sólo sirve como golpe de efecto y los golpes de efecto no son cine. De alguna forma me recuerdo cuando Campanella describía el plano secuencia de la cancha de Huracán en el Secreto de sus Ojos y lo justificaba diciendo que la gente podría estarse aburriendo en ese punto de la película y que una toma de ese estilo los volvería a poner en clima. Esperamos que Campanella no estuviera siendo sincero con ese comentario.

El debate está abierto.

Sed de Mal

Weekend 

Ojos de Serpiente

Sacrificio
 

Senderos de Gloria


Niños del Hombre


Hard Boiled

Expiación




domingo, 30 de octubre de 2011

El Género Bélico y su Resurreción

El género bélico en Hollywood ha tenido dos etapas bien diferenciadas. Ambas están influidas directamente por el contexto histórico y social del momento. La primera fue dedicada a la Segunda Guerra Mundial donde la imagen de los norteamericanos como los vencedores, los que traían la democracia, la libertad a Europa está presente todo el tiempo. Si bien, la mayoría de las películas de la posguerra reproducían este mensaje, se ponía más énfasis en resaltar las condiciones heroicas o humanitarias del ejército aliado que en retratar el aspecto maligno del enemigo. En ese sentido, se trataba con cierto cuidado a las fuerzas del Eje. Alemania nunca llegó a ocupar el lugar del “malo de la película” de una forma tan notoria como luego lo harían los rusos (en las películas de espías o del género “stalloniano” desde Rocky IV hasta Rambo) o los árabes más cerca en el tiempo. “Lo nazi” en las películas bélicas de las décadas del 50 y 60 estaba tratado de una forma periférica al núcleo de la historia. La crítica al régimen nazi se hacía en películas sobre el holocausto o en las que se condenaba a los genocidas como en “El Juicio de Nuremberg”.  Tal es así que películas como: “El puente sobre el río Kwai”, “La batalla del Río de la Plata” o “Las 12 de Patíbulo” hacen referencia a misiones y batallas particulares de la Segunda Guerra donde todo el contexto histórico sirve de telón de fondo pero no como motor principal de la película. Por lo tanto, intentaban realzar los elementos positivos del ejército aliado más que lo negativo de sus antagonistas. 


 12 del Patíbulo


Esta forma de retratar a los alemanes no fue para nada inocente. Alemania había pasado de ser el principal enemigo en las trincheras a convertirse en un partícipe necesario en la reconstrucción de Europa en el marco del Plan Marshall. La recomposición geopolítica luego del año 45 (con la inmediata conformación de la ONU) exigía un trato cuidadoso hacia los nuevos amigos germanos. Algo similar ocurre con los japoneses quienes nunca llegaron a ser retratados como unos locos suicidas. La occidentalización del país nipón requería mostrar otra cara (la película sobre Pearl Harbor de mayor producción se realizó 50 años después del ataque japonés a la base naval hawaiana).
Sin embargo, a partir de la guerra Vietman, el cine bélico entró en una segunda etapa. Los alemanes dejaron de ser los malos. Todas las películas bélicas de fines del 70 y el 80 estuvieron dedicadas con exclusividad al conflicto en Indochina. No obstante, el contenido político algo lavado de las películas referidas al Segunda Guerra ya no era tal. Lo político, la reflexión sobre el conflicto armado, estaba en el centro de las producciones. La guerra era sólo la escenografía para indagar dentro de la condición humana. Los norteamericanos dejaron de ser los buenos de la película y se convirtieron en el país agresor, en el imperio que manda a sus hijos a morir a una guerra que no le pertenece.
Hollywood refleja el descontento social que produjo Vietnam en el pueblo norteamericano y se hace eco de los movimientos pacifistas y la mala prensa que la guerra tenía a nivel mundial. La crítica desde la industria no viene sólo desde un punto de vista humanista sino, también, desde el orgullo herido de un país que perdía una guerra por primera vez en su historia.

Ataque con helicópteros en Apocalipsis Now

Grandes directores se aprovechan de esta permisividad de la industria cinematográfica y construyeron su visión particular sobre la guerra de Vietnam. Así surgieron “Apocalipsis Now” de Coppola, “El Cazador” de Cimino, “Nacido para Matar” de Kurbrick, “Pelotón” de Stone o “Pecados de Guerra” de De Palma donde la crítica hacia la guerra de Vietnam aparece de forma directa. A veces, en clave más metafísica como en Apocalipsis Now y en otras mucho más cruda como en Pelotón.
A partir de la guerra de Vietnam se produjo un clivaje en el género bélico. El lugar de los buenos y los malos se volvió más relativo. La maldad deja de estar en un bando u otro sino dentro de la misma condición humana (más allá de cierto resurgimiento de lo árabe como sinónimo de maldad absoluta después del 11-S).

Típico plano de Kurbrick en Nacido para Matar

Esta pequeña introducción histórica al género bélico nos sirve para pensar en tres películas que surgen a finales de la década de los 90 y a principios del nuevo siglo que le dan un nuevo impulso a un género que luego de agotar el tema de Vietnam había entrado en crisis. Se trata de: “Rescatando al Soldado Ryan” de Spielberg, “La Delgada Línea Roja” de Mallick y “Enemigo a las Puertas” de Annaud.
Me parece interesante tomar estas tres películas porque vuelven a enmarcarse en la Segunda Guerra luego de varios años de permanecer, sino en el ostracismo, en los márgenes del género. Es atrayente descubrir como vuelve a ser abordado el tema de la Segunda Guerra por un género que había visto reconfigurar sus estructuras luego de las películas sobre Vietnam.

Las Fuerzas Morales

“Rescatando al Soldado Ryan” quizás sea la menos política de las tres. Mejor dicho, es la que menos ha sido influida por la resignificación que sufrió el género en los 70 y 80.
Sería un error no rastrear huellas de la ideología norteamericana dentro de la película. Sobre todo porque Spielberg no intenta ocultarlas. La película comienza con la bandera de los Estados Unidos flameando. No hay mucho más para agregar. El director nos advierte: “miren todo lo que van a ver es lo que EEUU es capaz de hacer en pos de salvar la vida de un hijo norteamericano. Porque salvar la vida de ese soldado valiente es una forma de salvar el espíritu de nuestra gran nación (las tumbas que rodean al personaje de Matt Damon envejecido son los testigos de esto)”. El final es similar. Vuelven a flamear las barras y las estrellas. Spielberg con astucia aplica el principio de simetría para recalcarnos: “toda esta carnicería, todas estas muestras de heroísmo retratadas en la película nos demuestran que EEUU sigue siendo, merecidamente, la gran potencia política, económica y (“moral”) del mundo, le pese a quien le pese”.

Día D (el realismo en su máxima expresión)


Desde el punto de vista técnico la película ha sido revolucionaria. Los primeros veinte minutos del desembarco de Normandia y la última media hora de la defensa del puente han influido de manera definitiva en todas las películas bélicas posteriores. El uso de la cámara en mano, la relantización de la imagen, el cambio de los puntos de vista, el uso de los colores sepia. Tanta influencia han tenido estas secuencias que luego han sido llevadas a miniseries televisivas, video juegos y documentales.
Desde el punto de vista argumental, la película recupera influencias de películas bélicas clásicas de la década del 50. La selección de un grupo de soldados para cumplir una pequeña misión en medio de un contexto de una guerra total. Todos los soldados relejan diferentes esteriotipos: el cobarde, el judío, el de buen corazón, el valiente, el leal. En el personaje donde se va a poner más énfasis reflexivo, va a ser el de Tom Hanks. Hay varios planos detalle en el temblor de su mano.
El espanto de la guerra queda en un segundo plano, en tanto que, se va a resaltar como la guerra ayuda a sacar lo mejor de las personas en momentos extremos (al menos del grupo norteamericano): la auto superación, los valores de la amistad, la solidaridad entre los compañeros.
El lugar de los alemanes como “los malos de la película” también es tratado como en la época clásica. “Lo nazi” como expresión de maldad absoluta no está presente en el film. Los alemanes surgen como los enemigos crueles que son necesarios eliminar porque amenazan a la democracia liberal. 

Plano en picado


Hay una escena donde el grupo de soldados norteamericanos toman una posición elevada alemana y deciden perdonarle la vida a un soldado alemán que en el fuego cruzado había matado a un miembro de la compañía (EEUU es clemencia y tolerancia). Luego, el mismo soldado alemán aparece de nuevo en el ataque al pueblo francés defendido por el mismo grupo de soldados norteamericanos y no tiene concesiones para matar a un soldado americano (sí adivinaron, al judío) que antes le había perdonado la vida (los alemanes son fríos, inclementes). Esas dos escenas pintan como es visto cada uno de los bandos. No obstante, el tema de lo alemán es secundario.
El contexto político tampoco se trata abiertamente. A lo sumo, una escena muestra como un soldado americano (el personaje de Vin Diesel) rescata a una niña alemana y termina siendo derribado por una bala de un franco tirador enemigo. Moraleja: los EEUU fuimos los que dimos la vida para que el pueblo alemán pueda recuperar su nivel de vida y se convierta nuevamente en una potencia mundial. No criticamos al pueblo alemán, criticamos lo que representa “lo alemán” en ese momento histórico.
El tema central está ajustado en la relación del grupo de soldados y como se ven influenciados por el contexto de guerra que los rodea. La manera en que sus personalidades se humanizan, se complejizan y se vuelven heroicas. Spielberg ya había dicho todo lo que tenía decir sobre el Holocausto y “lo nazi” en el cine con “La Lista de Schindler”. Allí, el personaje de Ralph Finnes, encarna a un oficial genocida y “lo nazi” visto como crueldad sin concesiones en toda su expresión, mientras que, Schindler (Liam Neeson) redime al pueblo alemán de la responsabilidad civil del Holocausto (“hermosa” forma de reconciliar la memoria histórica: condenar a los nazis; perdonar a los alemanes). Esa forma de “lo nazi” en Spielberg aparece más claramente en las películas de Indiana Jones que en Rescatando al Soldado Ryan.

Todos unidos triunfaremos


En definitiva, la película puede leerse en dos sentidos. Desde el punto de vista técnico, ha supuesto un punto de ruptura con todas las películas anteriores. Desde el punto ideológico Spielberg hace hincapié en un mensaje humanitario y moralista (como nos tiene acostumbrado) usando a los alemanes como excusa para mostrar el poder moral y liberador de las fuerzas armadas norteamericanas. Cuando Tom Hanks muere del otro lado del puente que los alemanes no llegan a tomar (la figura del puente como lugar de cruce: de un lado los valores liberales y por otro el otro lado el totalitarismo) su última visión son los aviones Grumman que con sus bombas redentoras caen desde el cielo como venganza divina exterminando al totalitarismo. El Tío Sam, feliz.

Ni nazi, ni comunista ¿Humanista?

Enemigo al Acecho es una película que se centra en la batalla del sitio de Stanligrado. Algunos críticos interpretaron la película como una especie de western pero ambientado en una ciudad rusa en ruinas. En todo caso, es una película bélica no convencional, en tanto que, agrega tópicos ajenos a una película de guerra, como son: la inclusión de una mujer y la consiguiente historia de amor y triángulo amoroso que se genera a partir de ese personaje (la siempre encantadora Rachel Weisz). Además aborda temas periféricos como el rol de los medios de comunicación en la propaganda soviética y su influencia sobre las tropas del ejército rojo.
Aquí la temática es diferente a la de Rescatando al Soldado Ryan. Primero porque toma al bando soviético como protagonista y segundo porque recupera un subgénero, dentro de las películas bélicas, que es el del franco tirador. También pondrá más énfasis en el derrotero del héroe durante la historia. No obstante, la estética, el montaje es deudor de Rescatando al Soldado Ryan. 

Visión "celestial" de Stalingrado


Al tratarse de una historia de franco tiradores disminuye la presencia de la cámara en mano made in Spielberg en Rescatando al Soldado Ryan y se elige, acertadamente, (salvo al principio de la cinta) una cámara fija de barrido panorámico que simula la mira telescópica de los rifles.
Desde la óptica política es interesante observar como se recrea lo soviético contra lo alemán. Como en el apartado anterior sobre Rescatando al Soldado Ryan el contexto político aparece de forma adyacente en la película. La trama se va a centrar en el duelo militar y psicológico que va a enfrentar a los personajes de Jude Law contra Ed Harris y, en paralelo, el triángulo amoroso alrededor de Rachel Weisz.
Sin embargo, Annaud nos deja algunos indicios desde donde pensar “lo soviético”. La película comienza con la locomotora y la estrella roja delante. El ferrocarril símbolo del desarrollo industrial stalinista y la estrella roja como símbolo del comunismo. Enseguida se va mostrar el salvajismo de los oficiales soviéticos disparando contra los desertores de las lanchas. Los parlantes llamando a defender la madre patria, exaltando la identidad rusa, la lucha contra el invasor fascista. A la hora de repartir las armas, uno de cada dos soldados recibe un rifle. Los restantes van a recibir sólo municiones. El comunismo es escasez. Por el contrario, el ejercito norteamericano en Rescatando al Soldado Ryan hace pompa de la maquinaria de guerra yanqui (una vez concretada la toma de la playa de Omaha se ve como llega un arsenal impresionante de armas y pertrechos militares). El soldado soviético no es impulsado por su superioridad militar sino por su superioridad espiritual, romántica, su amor a la causa. 

El comunismo en Annaud


El personaje de Joseph Finnes (otrora un Shakespeare enamoradizo) encarna el poder de propaganda stalinista para reforzar la identidad soviética y levantar la moral del ejército rojo al construir la figura heroica de Vasily Zaitzev bajo las ordenes de Nikita Kruschev.
En un momento, Kruschev (con la agradecida actuación de Bob Hoskins) agasaja a Vasiliy Zaitsev con una ceremonia en los cuarteles generales. Allí, le señala un cuadro gigante de Stalin, que Annaund lo muestra en un contrapicado para darle mayor impacto. Mientras ellos se quedan mirando al genocida, una de las personas que estaba en el evento, se roba la comida de las mesas. Luego, en uno de los mejores diálogos de la película, Bob Hoskins le recuerda a Jude Law que el duelo entre él y Ed Harris representa la esencia de la lucha de clases entre un campesino de los Montes Urales y un cazador de ciervos de Baviera. Esta idea es la que transita por toda la película mostrando al franco tirador ruso como un analfabeto, tosco, inseguro pero de buen corazón, mientras que, el franco tirador alemán se lo nota elegante, profesional, frío, calculador. Sin embargo, hasta el final de la película guarda ciertos códigos a la hora de enfrentarse con su contrincante. El único momento donde emerge “lo nazi” en Ed Harris es cuando cuelga al niño para intentar quebrar psicológicamente a Jude Law (el director francés ya había desarrollado esta dicotomía  clasista en “El Nombre de la Rosa” durante el enfrentamiento entre los franciscanos y los dominicos acerca de la necesidad de la pobreza o no de la Iglesia).

Jude Law en acción


Dada la superioridad de lo alemán sobre lo soviético la única herramienta que tiene Vasily para vencer es el amor a la patria, el amor a Tania, es decir, su corazón. Aunque también sea necesario que el personaje de Joseph Finnes se sacrifique para que Vasily pueda vencer. Se deduce, entonces, que no es el régimen stalinista el que elimina al nazismo sino que, es el espíritu, el sacrificio del pueblo ruso el que vence al invasor.
En resumen, la lucha entre franco tiradores, esta reflejando un antagonismo en medio del sitio de Stalingrado pero no en una dicotomía entre comunismo o nazismo. No es casualidad ver la puesta en escena: fábricas, químicas, edificios del gobierno, escombros, un modelo industrial soviético destruido por los nazis y un pueblo hambreado por Stalin. En el medio la gente resistiendo. Ya no había lugar para la sutileza de Tarovsky y su “Stalker”, ahora se podía ser más directo.

Mallick y los Argonautas del Pacífico Occidental

Que difícil es dar una opinión sobre la Delgada Línea Roja. Sobre todo por el gran respeto hacia el primer Mallick de películas como “Malas Tierras” y “Días del Cielo”. En la actualidad el, ahora, prolífico director texano ha caído en una zona anodina.
La película que nos convoca tiene grandes méritos y varios defectos. Uno se tienta de calificarla de irregular aunque sea una categoría absurda para considerar a un film.
En principio podemos decir que, su director, no se aleja de su reflexión filosófica que mantiene en toda su filmografía sobre la condición humana, su respeto por la naturaleza y la facilidad que tiene el hombre para destruir su entorno. La idea del hombre como lobo del hombre al estilo de Hobbes y una exaltación del mundo natural como el verdadero reino de la vida está presente todo el tiempo. La Delgada Línea Roja va a retomar el concepto de películas anti-bélicas como “Apocalipsis Now” o “Nacido para Matar” donde la guerra es la excusa para hablar sobre la maldad inherente en la naturaleza humana que lleva a las personas a matarse los unos con los otros. A diferencia de Rescatando al Soldado Ryan, la guerra no deja nada en el hombre, lo vacía,  le da ganas de emborracharse en una playa, atrapar un cocodrilo sin ningún sentido.

El buen salvaje


La historia está centrada en la batalla de Guadalcanal donde las fuerzas norteamericanas se enfrentaron con las japonesas en las islas Salomón. Podemos dividirla en tres partes diferenciadas.
La primera esta basada en una visión antropológica inocente. Al modo de Malinowski y su experiencia con los nativos de las islas Trobiand. La idea rousseauneana del buen salvaje recorre todas las escenas. El soldado americano deslumbrado por la vida de los pobladores locales: su fusión con el mundo natural, la vida cotidiana como si no estuvieran rodeados por los horrores de la guerra, la amistad y la colaboración con el hombre blanco. Como si esos indígenas no estarían afectados por la guerra, por las relaciones de producción capitalista y por años de colonización occidental.
A diferencia del comienzo de “carnicería” de Rescatando al Soldado Ryan, Mallick se permite unos primeros veinte minutos contemplativos y de introspección reflexiva. Aquí encontramos el fallo más grande de la película que se va a suceder a lo largo de todo el metraje, la constante alegoría entre los parlamentos filosóficos de la voz en off y los planos (hermosa fotografía, hay que reconocerlo) de una naturaleza virgen y exuberante. No era necesario todo ese guión impostado a la narración de las imágenes, todos entendíamos la metáfora de la naturaleza contra la condición humana. Si el director quería hacer filosofía hubiera sido mejor que escribiera un libro. Lo pretencioso que intentó ser Mallick le jugó en contra. 

Fotografía destacada


No obstante, el film alterna momentos de gran carga alegórica que lo desinflan y, en otros pasajes, el director da pinceladas de genialidad, dejando de lado lo alegórico y haciendo cine de gran altura. Por ejemplo, el momento del corte de la primera parte del film es la llegada del barco a la isla. Lo humano invade la naturaleza. El ruido del crucero cubre la escena y hace sordos los ruidos de los pájaros. El humo de la chimenea, exageradamente negro, cubre el atardecer sobre el paraíso. No hay palabras de más. La puesta en escena lo explica todo.
A partir de este momento comienza la segunda parte caracterizadoa por el segmento bélico propiamente dicho. El film gana en intensidad y se vuelve más narrativo que contemplativo, lo cual se agradece (salvo en los flashbacks del soldado con su mujer). Aquí se retoman todos los tópicos indagados en el revisionismo de las películas de Vietnam. Los soldados norteamericanos no son los buenos.  Todo lo contrario, son tan o más crueles que los japoneses (que se presentan desnutridos y rogando clemencia). Se hace una crítica feroz a los altos mandos del ejército donde Nick Nolte nos hace acordar al Lee Emery de “Nacido para Matar”. El soldado traumado que se pregunta todo el tiempo: ¿para que peleamos? como Charlie Sheen en “Pelotón”. La lucha ya no es sólo contra el enemigo sino contra la naturaleza. Cuando los soldados se internan en selva hay una sensación de peligro constante, de encierro, de repente un paraíso natural se vuelve amenazante (en una escena una serpiente ataca a un soldado). La visión inocente sobre la relación entre el hombre blanco y el nativo se quiebra cuando el pelotón encuentra a un indígena descuartizado (sin que ninguna voz en off emita un juicio sobre ello).

Muerte en el paraíso


En la tercer parte el ritmo cae y se vuelve al tono contemplativo. De nuevo, el límite entre lo genial y lo alegórico se vuelve inestable. Una jaula abierta (en medio de la selva) en una casa vacía y el oficial que dice que se siente solo cuando hay gente. Los soldados atrapan un cocodrilo. Si nos quedaba alguna duda, confirmamos lo existencialista del film. En este segmento, la visión antropológica inocente cambia y el mundo natural se vuelve maligno. El buen salvaje ya no es tal. Hay un gran manejo del principio de simetría en esta última parte. El soldado vuelve hacia la aldea donde había hecho amistad con los nativos. Ahora nadie lo saluda, lo rechazan, los pobladores se pelean, aparecen cráneos humanos. La visón romántica del salvaje hecho uno con la naturaleza no es tal, ellos también tiene la semilla del mal propia de la condición humana dentro suyo.
El personaje principal (Jim Cazivel, el Jesús de Mel Gibson) se entera que su mujer lo ha dejado por otro hombre. Si antes se había cuestionado el sentido de la vida, en medio de los horrores de la guerra, ahora todo perdió sentido. Se embarca en una misión suicida río arriba y muere fusilado. En ese momento, el film cambia de narrador y se pasa al punto vista de Sean Penn que retoma la visión deshumanizadora. En el paraíso natural ahora se observan cruces.
Luego del pesado parlamento alegórico final, se observa en el último plano el casco de un soldado y una plantita que intenta crecer en una playa gris. La naturaleza se impone ante todo.

Conclusión

A fines de los 90 se el cine bélico volvió a centrarse en la Segunda Guerra Mundial después de que haya pasado mucho agua debajo del puente. Podemos afirmar, luego de analizar tres de las películas más representativas de esta época, es que ya no se puede hablar de una lógica hegemonizante sobre el género. Algunas recuperan el contenido del cine clásico y lo resignifican con artilugios técnicos y otras tratan de centrarse en la ola revisionista de los 70 y los 80. Un contexto histórico actual de incertidumbre, al menos en el corto plazo, seguirá aportando más libertades a los realizadores.