Cine de acción: estado
del arte
En pocos días se estrena, en las salas de nuestro país, la película “The Expendables 2”. La cinta no es más que
un revival de aquel cine de acción ochentoso, que tan buenos dividendos le
proporcionó a los estudios de Hollywood.
Está protagonizada por las grandes estrellas de aquellos años. En la
actualidad, ellos se nos presentan como ídolos devaluados, repletos de botox y con
asidua participación en la clase B. En este contexto nos pareció interesante
rescatar y analizar una película paradigmática del género “acción ochentosa”. Nos referimos a “Commando” (1985), que
cuenta como protagonista a un icono (a mi entender, el más importante) de este
género: el gran Arnold Schwarzenegger.
Commando se ha convertido
en película de culto. Hoy en día, las películas de culto gozan de un aura de
intocables. No importa si la película es buena o mala. Se la acepta por lo que
es y, en base a este principio, se la disfruta. Sabemos que artísticamente,
Commando, no deja nada. Es más, sería lógico decir que, desde el apartado
técnico contiene aberraciones cinematográficas. Pero Commando es inimputable.
Al menos, para la generación de los que nacieron en los 80 y crecieron viendo a Arnold
disparando a mansalva contra cualquier enemigo que se le cruzara.
Si bien forma parte de un
grupo de películas de culto, con el paso de los años ha ganado una valoración
más positiva o, al menos, es vista con ojos más benévolos. Esta revalorización
nos parece justa por tres motivos. En primer lugar porque no es una película
pretenciosa. Es lo que muestra: Arnold tratando de matar la mayor cantidad de
militares bananeros que pueda. En el presente, el cine de acción intenta
construir tramas argumentales complejas y elaboradas en películas que no se
sostienen cinematográficamente hablando. La cáscara no puede tapar al contenido. En segundo
lugar porque es sincera ideológicamente. Matrix (el nombre del personaje de Arnold) es el ejemplo del boina verde norteamericano
fascista, republicano y golpista ¡Y no tiene tapujos en afirmarlo! En una escena Arnold le confiesa a sus
captores que él ayudo a dar un golpe de estado. Esa incorrección y honestidad
política se agradece y se extraña. En
tercer lugar porque la aparición de la tecnología digital en el cine ha
destruido una forma de filmar escenas de acción donde, a pesar de las falencias,
la mano del director como autor estaba mucho más presente. Viendo el cine de
acción actual hace que añoremos y, de alguna forma, perdonemos aberraciones del
séptimo arte como Commando.
No siempre las películas
de culto mejoran con el tiempo. Estamos contentos con que el cine poco
pretencioso y honesto gane porotos y
películas de cáscara grandilocuente envejezcan mal. Cintas de Bergman como
Persona o El Huevo de la Sepiente tan festejadas por sectores intelectuales en
sus estrenos, por su aparente profundidad y su contenido políticamente correcto,
se han vuelto productos anacrónicos y acartonados. Las complejas ideas filosóficas del director sueco están contenidas bajo una cáscara cinematográfica muy débil.
Era hora que este tipo de films arrogantes que empalagan (y aburren) empezaran
a bajar de los pedestales que no merecían.
Retomando el cine de
acción. Esta claro que Mark Lester (director de Commando) no entra en la lista de
grandes directores, ni siquiera regulares. Sin embargo, la década del 80 nos ha
dejado obras maestras que, más allá de su formato pochoclero, intentaban ser
productos artísticos también. Nadie se atrevería a cuestionar la mano artesanal
del director en films como Terminator
(Cameron), Duro de Matar (Mc Tiernan) o El Vengador del Futuro (Verhoeven). Hoy,
las películas de acción, han perdido personalidad. Todas se mueven bajo las
mismas reglas:
- la cámara se mueve todo el tiempo y de modo frenético. Los operadores de cámara parecen afectados por el Parkinson. Este efecto más que adrenalina produce dolor de cabeza en el público.
- el recurso de la cámara en mano usado hasta el hartazgo como si fuera el único recurso para dar impresión de realidad o para adentrarnos en la subjetividad de un personaje.
- montajes vertiginosos, informaciones que pasan delante de nuestros ojos a mil kilómetros por hora. Pegan al espectador a la butaca pero sin fijar un solo concepto. Este tipo de montaje sacrifica la importancia en la elaboración de planos.
La Tercera Guerra Mundial
Volviendo a Commando, del
apartado técnico no se puede decir mucho. Mark Lester, como ya dijimos es un director mediocre. Aunque
respeta los fundamentos sagrados del cine de acción. Estética ochentosa, pulso
narrativo y simplicidad argumental. Va al grano, nada de adornos. La banda
sonora es lamentable. Típicos sonidos sintetizados desparramados por el celuloide pero
sin ningún criterio (increíblemente, el encargado fue el talentoso y oscarizado
James Horner). La fotografía y los encuadres estéticamente son lastimosos. Nos
gusta sólo un plano en particular: cuando Arnold dispara y se ven los
casquillos volando en primer plano y tras ellos los bíceps inflados a punto de
reventar del “last action heroe”. Lo mejorcito del apartado técnico es el
montaje. Dinámico. Mantiene la acción más allá de transiciones abruptas y poco
logradas.
Desde el punto de vista
argumental la película tiene dos capas de análisis. La primera es la más obvia
y la que responde a la línea ideológica típica del cine de acción de Hollywood.
Es decir, terroristas (ya sean comunistas, árabes, nazis, etc) que amenazan la
libertad y el “american way of life” de EEUU en particular y del mundo occidental en general. Hasta acá, todo bien. Nada nuevo bajo el sol.
La segunda línea de análisis, mucho más subterránea, es la que da nombre al
artículo y no es más que un panfleto homofóbico. Ya nos explayaremos en detalle
sobre esta última afirmación.
Empecemos con la primera
línea de análisis. Recordemos que la película es de 1985. Dato no menor. Si
bien la cortina de Hierro se estaba convirtiendo en una cortina de cartón, para
ese entonces la URSS y el comunismo seguían siendo una amenaza simbólica para el mundo libre
y democrático de Occidente. En este contexto se inscribe la película. El argumento es de una simplicidad grotesca:
un grupo de terroristas que secuestran a la hija de Arnold con el objetivo de
que ayude a que Arius (Dan Hedaya), un ex dictador (que Arnold colaboró en su derrocamiento) vuelva a tomar el poder en Val Verde ¿Adivinen donde queda este país?
Es una isla. Caribeña. La gente habla español. Se trata de un país bananero y
tercermundista. Los soldados son propensos a usar boina y distintivos
rojos. Cualquier similitud con Cuba es pura casualidad. Más allá del palo para
Fidel, lo interesante es que Arnold no pacta con el enemigo. Con el comunismo,
con los terroristas no se dialoga ¿Cómo los campeones de la democracia van a
sentarse a negociar con esos bananeros trasnochados? No, Arnold no negocia. Lo
deja en claro en varios diálogos tan bizarros que resultan brillantes. Uno de
ellos se desarrolla al principio de la película, cuando el grupo terrorista
irrumpe en la casa de Arnold y secuestra a la hija (que es ¡Alyssa Milano! la
que otrora hiciera de la nena de ¿Quién manda a quién?). Uno de los secuaces de
Arius le pregunta si va a cooperar con ellos y Arnold le responde: ¡Ni lo
sueñes! Acto seguido descarga un escopetazo sobre el cráneo del
malhechor. Aplausos para Arnold. Minutos antes del secuestro, el general Kirby
(James Olson) le advierte a Arnold, del posible ataque y él le responde: Yo
desayuno boinas verdes y ahora tengo hambre.
A partir del rapto de la hija. Arnold
va a entrar en una carrera contrarreloj para recuperarla. Por supuesto no van a faltar
centenares de secuencias de acción memorables: Arnold tirándose de un avión despegando,
arrancando una cabina de teléfono o un asiento de auto, desnucando un enemigo
en medio de un avión, asaltando un negocio de armas y llevándose un lanza
cohetes, matando él solo a todo el ejército de la isla de Val Verde (las
estadísticas varían entre 120 a 180 bajas), no sólo a fuego de balas sino
recurriendo a elementos de jardinería (recordemos el ataque con el rastrillo).
Además de escenas gloriosas, el guión nos deja frases para atesorar. En un momento Arnold sostiene a un
enemigo para que no caiga al precipicio y le dice: ¿Recuerdas que te prometí
matarte a lo último? El antagonista le responde que sí y enseguida Arnold agrega:
Mentí. Otra línea para el recuerdo se
desarrolla una vez que el general Kirby llega a Val verde y le pregunta a Arnold:
¿Dejaste algo para nosotros? Arnold responde: cadáveres. Kirby participa de
otro momento mítico: un subalterno le pregunta que se puede esperar luego de
que tienen la certeza que Matrix está decidido a enfrentarse a Airus. Kirby
contesta: la tercera guerra mundial. Está claro que la segunda guerra fue para
terminar con el nazismo. La tercera guerra que encabeza Arnold es para terminar
con el comunismo tercermundista.
A esta altura no quedan
dudas que Arnold es una perfecta máquina de matar. Es, en definitiva, el
superhombre nietzchano. Un superhombre
al servicio de mantener los valores morales de la sociedad norteamericana ante el
advenimiento de dictadores de sucias republiquetas bananeras.
La secuencia más notable de la película es la
forma en que nos presentan a Arnold como superhombre. Primero vemos sus
músculos. Luego sus botas. Hasta que se nos aparece de cuerpo entero y gracias a la
posición de la cámara vemos como con ese cuerpo voluminoso tapa el sol (puntito
para Lester). Si tapa el sol entonces estamos en presencia de Dios. Ya no es el superhombre nietzchano. Nos corregimos.
Dios no ha muerto. Vive en medio de las montañas. En un paisaje paradisíaco y
bucólico. Es el Edén. Se entretiene
alimentando bambis, tomando helado con su hija o ejercitando sus bíceps con
troncos. Hasta puede oler a sus enemigos
sin necesidad de verlos (eso mismo le afirma Matrix a un soldado antes de que lleguen
los secuaces de Airus).
Telefono para el Inadi
La segunda línea de análisis
argumental es un poco más sutil. Dijimos antes que la película funcionaba como
un panfleto anti homosexual. El mensaje homofóbico
está encarnado en el personaje de Bennet (Vernon Wells) ex compañero de Matrix,
que se ha convertido en mercenario bajo las órdenes de Airus. Prestemos
atención a su caracterización: es casi un Freddie Mercury con 20 kilos de
sobrepeso (un oso para la jerga homosexual). Bigote, vestido con tachas,
pantalón de cuero, una cota de malla haciendo las veces de remera con una camiseta
debajo (semi transparente, dejando entrever sus pezones) ¿A alguien le queda
duda que Bennet reproduce el esteriotipo gay? Una estética gay y sado
masoquista. Valores y modos de actuar repulsivos para la moral protestante
norteamericana.
Recordemos de nuevo la
fecha de estreno: mitad de los 80 ¿Qué pasaba con los homosexuales en ese
momento? La peste rosa, el SIDA que crece
exponencialmente y la comunidad gay estigmatizada
como responsable porque su supuesta promiscuidad es la causante de la epidemia
del HIV. El secuestro de la hija de Matrix funciona como una advertencia a la
familia “normal” norteamericana ante el peligro que corre por el advenimiento
de los homsexuales con sus valores “desviados” y las pestes que traen.
Bennet mantiene una relación
amor-odio con Matrix. Siguiendo la línea
de análisis "rosa" podemos inferir que en realidad esta enamorado del personaje
de Arnold. La lucha final entre ellos dos ilustra esta hipótesis. No es una
pelea cuerpo a cuerpo, en realidad es una coreografía de seducción. Se abrazan, se refriegan, se golpean, se
electrifican. Este coqueteo histérico llega al climax con la muerte de Bennet.
Arnold lo PENETRA (Arnold no podía ser el pasivo) con un caño. En el plano
siguiente, el caño expulsa vapor simulando una eyaculación. Arnold logra
erradicar la amenaza homosexual. No olvidemos que fuera del mundo de ficción, Schwarzenegger, como gobernador de California prohibió el matrimonio entre personas del mismo
sexo.
El final cierra esta
parábola sobre la reconstrucción de los valores familiares. Observamos que
Arnold y su hija se reúnen con la compañera negra (Rae Dawn Chong) que los esperaba en el
hidroavión. Este personaje femenino no sólo ocupa el papel multicultural
obligado para Hollywood sino que simbólicamente se convierte en la madre de la hija de Arnold
(es preferible una negra antes que un gay).
Ella era el eslabón que faltaba para constituir una familia normal:
Arnold, la negra y la hijita. A tal punto los valores cristianos están
exacerbados que Arnold ni siquiera besa a su nueva "compañera". No sea cosa de hacer algo prohibido fuera del matrimonio. Finalmente, en la última escena, la nueva familia
vuela feliz hacia el atardecer. La
voluntad divina se ha cumplido. Amén.

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