lunes, 13 de agosto de 2012

Schwarzenegger dispara contra el matrimonio igualitario


Cine de acción: estado del arte

En pocos días se estrena, en las salas de nuestro país, la película “The Expendables 2”. La cinta no es más que un revival de aquel cine de acción ochentoso, que tan buenos dividendos le proporcionó a  los estudios de Hollywood. Está protagonizada por las grandes estrellas de aquellos años. En la actualidad, ellos se nos presentan como ídolos devaluados, repletos de botox y con asidua participación en la clase B. En este contexto nos pareció interesante rescatar y analizar una película paradigmática del género “acción ochentosa”.  Nos referimos a “Commando” (1985),  que cuenta como protagonista a un icono (a mi entender, el más importante) de este género: el gran Arnold Schwarzenegger.
Commando se ha convertido en película de culto. Hoy en día, las películas de culto gozan de un aura de intocables. No importa si la película es buena o mala. Se la acepta por lo que es y, en base a este principio, se la disfruta. Sabemos que artísticamente, Commando, no deja nada. Es más, sería lógico decir que, desde el apartado técnico contiene aberraciones cinematográficas. Pero Commando es inimputable. Al menos, para la generación de los que nacieron en los 80 y crecieron viendo a Arnold disparando a mansalva contra cualquier enemigo que se le cruzara.



Si bien forma parte de un grupo de películas de culto, con el paso de los años ha ganado una valoración más positiva o, al menos, es vista con ojos más benévolos. Esta revalorización nos parece justa por tres motivos. En primer lugar porque no es una película pretenciosa. Es lo que muestra: Arnold tratando de matar la mayor cantidad de militares bananeros que pueda. En el presente, el cine de acción intenta construir tramas argumentales complejas y elaboradas en películas que no se sostienen cinematográficamente hablando. La cáscara no puede tapar al contenido. En segundo lugar porque es sincera ideológicamente. Matrix (el nombre del  personaje de Arnold)  es el ejemplo del boina verde norteamericano fascista, republicano y golpista ¡Y no tiene tapujos en afirmarlo! En una escena Arnold le confiesa a sus captores que él ayudo a dar un golpe de estado. Esa incorrección y honestidad política se agradece y se extraña.  En tercer lugar porque la aparición de la tecnología digital en el cine ha destruido una forma de filmar escenas de acción donde, a pesar de las falencias, la mano del director como autor estaba mucho más presente. Viendo el cine de acción actual hace que añoremos y, de alguna forma, perdonemos aberraciones del séptimo arte como Commando.




No siempre las películas de culto mejoran con el tiempo. Estamos contentos con que el cine poco pretencioso y  honesto gane porotos y películas de cáscara grandilocuente envejezcan mal. Cintas de Bergman como Persona o El Huevo de la Sepiente tan festejadas por sectores intelectuales en sus estrenos, por su aparente profundidad y su contenido políticamente correcto, se han vuelto productos anacrónicos y acartonados. Las complejas ideas filosóficas del director sueco están contenidas bajo una cáscara cinematográfica muy débil. Era hora que este tipo de films arrogantes que empalagan (y aburren) empezaran a bajar de los pedestales que no merecían.
Retomando el cine de acción. Esta claro que Mark Lester (director de Commando) no entra en la lista de grandes directores, ni siquiera regulares. Sin embargo, la década del 80 nos ha dejado obras maestras que, más allá de su formato pochoclero, intentaban ser productos artísticos también. Nadie se atrevería a cuestionar la mano artesanal del director en films como Terminator (Cameron), Duro de Matar (Mc Tiernan) o El Vengador del Futuro (Verhoeven). Hoy, las películas de acción, han perdido personalidad. Todas se mueven bajo las mismas reglas:
  •      la cámara se mueve todo el tiempo y de modo frenético. Los operadores de cámara parecen afectados por el Parkinson. Este efecto más que adrenalina produce dolor de cabeza en el público.
  •      el recurso de la cámara en mano usado hasta el hartazgo como si fuera el único recurso para dar impresión de realidad o para adentrarnos en la subjetividad de un personaje. 
  •        montajes vertiginosos, informaciones que pasan delante de nuestros ojos a mil kilómetros por hora. Pegan al espectador a la butaca pero sin fijar un solo concepto. Este tipo de montaje sacrifica la importancia en la elaboración de planos.


La Tercera Guerra Mundial

Volviendo a Commando, del apartado técnico no se puede decir mucho. Mark Lester, como ya  dijimos es un director mediocre. Aunque respeta los fundamentos sagrados del cine de acción. Estética ochentosa, pulso narrativo y simplicidad argumental. Va al grano, nada de adornos. La banda sonora es lamentable. Típicos sonidos sintetizados desparramados por el celuloide pero sin ningún criterio (increíblemente, el encargado fue el talentoso y oscarizado James Horner). La fotografía y los encuadres estéticamente son lastimosos. Nos gusta sólo un plano en particular: cuando Arnold dispara y se ven los casquillos volando en primer plano y tras ellos los bíceps inflados a punto de reventar del “last action heroe”. Lo mejorcito del apartado técnico es el montaje. Dinámico. Mantiene la acción más allá de transiciones abruptas y poco logradas.
Desde el punto de vista argumental la película tiene dos capas de análisis. La primera es la más obvia y la que responde a la línea ideológica típica del cine de acción de Hollywood. Es decir, terroristas (ya sean comunistas, árabes, nazis, etc) que amenazan la libertad y el “american way of life” de EEUU en particular y del mundo occidental en general.  Hasta acá, todo bien. Nada nuevo bajo el sol. La segunda línea de análisis, mucho más subterránea, es la que da nombre al artículo y no es más que un panfleto homofóbico. Ya nos explayaremos en detalle sobre esta última afirmación.
Empecemos con la primera línea de análisis. Recordemos que la película es de 1985. Dato no menor. Si bien la cortina de Hierro se estaba convirtiendo en una cortina de cartón, para ese entonces  la URSS y el comunismo  seguían siendo una amenaza simbólica para el mundo libre y democrático de Occidente. En este contexto se inscribe la película.  El argumento es de una simplicidad grotesca: un grupo de terroristas que secuestran a la hija de Arnold con el objetivo de que ayude a que Arius (Dan Hedaya), un ex dictador (que Arnold colaboró en su derrocamiento) vuelva a tomar el poder en Val Verde ¿Adivinen donde queda este país? Es una isla. Caribeña. La gente habla español. Se trata de un país bananero y tercermundista. Los soldados son propensos a usar boina y distintivos rojos. Cualquier similitud con Cuba es pura casualidad. Más allá del palo para Fidel, lo interesante es que Arnold no pacta con el enemigo. Con el comunismo, con los terroristas no se dialoga ¿Cómo los campeones de la democracia van a sentarse a negociar con esos bananeros trasnochados? No, Arnold no negocia. Lo deja en claro en varios diálogos tan bizarros que resultan brillantes. Uno de ellos se desarrolla al principio de la película, cuando el grupo terrorista irrumpe en la casa de Arnold y secuestra a la hija (que es ¡Alyssa Milano! la que otrora hiciera de la nena de ¿Quién manda a quién?). Uno de los secuaces de Arius le pregunta si va a cooperar con ellos y Arnold le responde: ¡Ni lo sueñes! Acto seguido descarga un escopetazo sobre el cráneo del malhechor. Aplausos para Arnold. Minutos antes del secuestro, el general Kirby (James Olson) le advierte a Arnold, del posible ataque y él le responde: Yo desayuno boinas verdes y ahora tengo hambre. 



A partir del rapto de la hija. Arnold va a entrar en una carrera contrarreloj para recuperarla. Por supuesto no van a faltar centenares de secuencias de acción memorables: Arnold tirándose de un avión despegando, arrancando una cabina de teléfono o un asiento de auto, desnucando un enemigo en medio de un avión, asaltando un negocio de armas y llevándose un lanza cohetes, matando él solo a todo el ejército de la isla de Val Verde (las estadísticas varían entre 120 a 180 bajas), no sólo a fuego de balas sino recurriendo a elementos de jardinería (recordemos el ataque con el rastrillo).
Además de escenas gloriosas, el guión nos deja frases para atesorar. En un momento Arnold sostiene a un enemigo para que no caiga al precipicio y le dice: ¿Recuerdas que te prometí matarte a lo último? El antagonista le responde que sí y enseguida Arnold agrega: Mentí. Otra línea para el recuerdo se desarrolla una vez que el general Kirby llega a Val verde y le pregunta a Arnold: ¿Dejaste algo para nosotros? Arnold responde: cadáveres. Kirby participa de otro momento mítico: un subalterno le pregunta que se puede esperar luego de que tienen la certeza que Matrix está decidido a enfrentarse a Airus. Kirby contesta: la tercera guerra mundial. Está claro que la segunda guerra fue para terminar con el nazismo. La tercera guerra que encabeza Arnold es para terminar con el comunismo tercermundista.
A esta altura no quedan dudas que Arnold es una perfecta máquina de matar. Es, en definitiva, el superhombre nietzchano.  Un superhombre al servicio de mantener los valores morales de la sociedad norteamericana ante el advenimiento de dictadores de sucias  republiquetas bananeras.  
La secuencia más notable de la película es la forma en que nos presentan a Arnold como superhombre. Primero vemos sus músculos. Luego sus botas. Hasta que se nos aparece de cuerpo entero y gracias a la posición de la cámara vemos como con ese cuerpo voluminoso tapa el sol (puntito para Lester). Si tapa el sol entonces estamos en presencia de Dios.  Ya no es el superhombre nietzchano. Nos corregimos. Dios no ha muerto. Vive en medio de las montañas. En un paisaje paradisíaco y bucólico. Es el Edén.  Se entretiene alimentando bambis, tomando helado con su hija o ejercitando sus bíceps con troncos.  Hasta puede oler a sus enemigos sin necesidad de verlos (eso mismo  le afirma Matrix a un soldado antes de que lleguen los secuaces de Airus).



Telefono para el Inadi

La segunda línea de análisis argumental es un poco más sutil. Dijimos antes que la película funcionaba como un panfleto anti homosexual.  El mensaje homofóbico está encarnado en el personaje de Bennet (Vernon Wells) ex compañero de Matrix, que se ha convertido en mercenario bajo las órdenes de Airus. Prestemos atención a su caracterización: es casi un Freddie Mercury con 20 kilos de sobrepeso (un oso para la jerga homosexual). Bigote, vestido con tachas, pantalón de cuero, una cota de malla haciendo las veces de remera con una camiseta debajo (semi transparente, dejando entrever sus pezones) ¿A alguien le queda duda que Bennet reproduce el esteriotipo gay? Una estética gay y sado masoquista. Valores y modos de actuar repulsivos para la moral protestante norteamericana.  
Recordemos de nuevo la fecha de estreno: mitad de los 80 ¿Qué pasaba con los homosexuales en ese momento?  La peste rosa, el SIDA que crece exponencialmente y la comunidad  gay estigmatizada como responsable porque su supuesta promiscuidad es la causante de la epidemia del HIV. El secuestro de la hija de Matrix funciona como una advertencia a la familia “normal” norteamericana ante el peligro que corre por el advenimiento de los homsexuales con sus valores “desviados” y las pestes que traen.



Bennet mantiene una relación amor-odio con Matrix. Siguiendo la línea de análisis "rosa" podemos inferir que en realidad esta enamorado del personaje de Arnold. La lucha final entre ellos dos ilustra esta hipótesis. No es una pelea cuerpo a cuerpo, en realidad es una coreografía de seducción.  Se abrazan, se refriegan, se golpean, se electrifican. Este coqueteo histérico llega al climax con la muerte de Bennet. Arnold lo PENETRA (Arnold no podía ser el pasivo) con un caño. En el plano siguiente, el caño expulsa vapor simulando una eyaculación. Arnold logra erradicar la amenaza homosexual. No olvidemos que fuera del mundo de ficción, Schwarzenegger, como gobernador de California prohibió el matrimonio entre personas del mismo sexo.
El final cierra esta parábola sobre la reconstrucción de los valores familiares. Observamos que Arnold y su hija se reúnen con la compañera negra (Rae Dawn Chong) que los esperaba en el hidroavión. Este personaje femenino no sólo ocupa el papel multicultural obligado para Hollywood sino que simbólicamente se convierte en la madre de la hija de Arnold (es preferible una negra antes que un gay).  Ella era el eslabón que faltaba para constituir una familia normal: Arnold, la negra y la hijita. A tal punto los valores cristianos están exacerbados que Arnold ni siquiera besa a su nueva "compañera". No sea cosa de hacer algo prohibido fuera del matrimonio. Finalmente, en la última escena, la nueva familia vuela feliz hacia el atardecer. La voluntad divina se ha cumplido. Amén.



Nostalgia Ochentosa

Habiendo desmenuzado una película como Commando, sólo nos queda nostalgia por ese pasado que se fue y que ahora vuelve, pero más descafeinado y con sobredosis de botox. Una pena. Nos queda la esperanza en las inmortales palabras de Arnold caracterizando al T1000: I`ll be back. Ojala sea cierto.


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