El plano secuencia, en cualquier película, siempre es una jugada arriesgada. Primero porque requiere gran pericia técnica del realizador y segundo porque tiene que encajar en el relato fílmico, en su estructura narrativa. Lamentablemente en el cine contemporáneo, cada vez con mayor frecuencia, se eligen filmar planos secuencia de gran pompa pero de escasa significación cinematográfica. Es decir, son planos forzados para que la historia gane en “espectacularidad” pero que fallan a hora de la coherencia narrativa. En definitiva, son susados sólo para que los directores inflen su ego.
Nos proponemos en esta entrada dar cuenta de algunos planos secuencia clásicos y otros no tanto para abrir el debate.
Por un lado tenemos el gran ejemplo en la historia del plano secuencia en el cine: se trata del plano “orsonwelliano” de Sed de Mal. Una proeza técnica para el año 1958 y que también funciona en la estructura narrativa del film. Orson Welles acierta al colocarlo como el opening de la película ya que, a partir de este plano, se va a desarrollar toda la historia. En una sola toma de 3 minutos nos brinda toda la información necesaria que vamos a necesitar para las casi 2 horas siguientes de la película.
Los bocinazos que saturan el sonido y ese embotellamiento eterno que nos ofrece Godard en Weekend también funcionan como golpe al mentón al que nos acostumbra el “loquito” francés. El efecto sorpresa y trágico del final nos sirve para significar la “impaciencia” del medio pelo burgués francés aún ante el peligro de la muerte y lo ridículo de la ansiedad de la gente en “un fin de semana”. El sello de Cortazar esta impregnando toda la escena (recordar la Autopista del Sur). Se debe prestar atención, también, a los coches que van quedando en el camino, cada uno tiene un significado, nos quiere decir algo, nos sirven de indicio para la resolución final de la toma. Nada es arbitrario, todo se encolumna con la idea central del film.
Algo parecido sucede en el plano secuencia de Ojos de Serpiente, del maestro Brian De Palma, donde todo el movimiento de cámara zigzagueante se condice con la idea de la mirada bajo los ojos del reptil que da nombre al título. Es una lástima que el resto de la película no haya podido soportar tal comienzo para el aplauso.
Por otro lado, Tarkovski lleva su concepto de esculpir en el tiempo (lento) al extremo con sus planos secuencia. Si bien pueden pecar de pretenciosos e “intelectualoides” y hasta rozar (peligrosamente) con la alegoría (la metáfora burda) tienen su sello propio. Hay que entenderlos dentro de su cine. Quizás su última película Sacrificio (su último plano secuencia también) resumen las ideas cinematográficas del director ruso. El uso de la cámara contemplativa, panorámica sin movimientos bruscos. Paisajes despojados. Colores poco definidos, apagados. La presencia del fuego y una escenografía acuosa que se contraponen (el concepto del agua que invade la escena ya lo encontramos en otros films como Stalker). El final del plano sella su impronta pesimista, la ambulancia que se aleja, la tarde que va muriendo y la casa que se derrumba. En definitiva, el director ruso nos puede gustar o no, pero su cine siempre responde a un cúmulo de ideas que se reflejan en la pantalla (a veces con mejor o menor fortuna).
A Kurbrick se lo acusa de ser un mago de la técnica pero sin alma. Sin embargo, con sólo ver el plano secuencia de Senderos de Gloria, cuando la cámara sigue al alto mando francés por la desolación de las trincheras francesas nos señala dos cosas. Por un lado es un ejemplo revolucionario del uso de la steadicam para esa época pero, además, es una secuencia que encaja perfectamente con la estructura narrativa del film. A partir de allí, podemos comprender el desarrollo posterior de la historia y el discurso anti bélico encarnado en el personaje del Coronel Dax contra la jerarquía militar.
La hora de la polémica llega cuando tomamos un film como Niños del Hombre del director Alfonso Cuarón. En principio podemos afirmar que es un film irregular: tiene muchos méritos y varias flaquezas. La puesta en escena que logra el realizador mexicano es notable y es admirable lo complejo que es el plano secuencia del final. No obstante, creo que Cuarón exagera con el uso del plano secuencia y la cámara en mano a lo largo de la película. Si bien la idea apocalíptica y la subjetividad tormentosa que nos trata de trasmitir la cámara, una naturaleza salvaje del ser humano (en un momento la cámara se mancha de sangre) esta presente, algunas veces se vuelve exagerada. Por otro lado en los pasajes donde la cámara se detiene, se vuelve más contemplativa, el film gana en intensidad.A nuestro entender el director mexicano limitando el uso de la camara en mano podría haber encontrado más variedad al tratar de significar la idea del hombre como lobo del hombre.
John Woo se va al otro extremo en Hard Boiled. No intenta ser pretencioso. Sólo un carnicero. Se lo agradecemos. Las muertes coreográficas y gratuitas de la secuencia del hospital son tan bizarras como geniales. Se emparenta con lo mejor de Tarantino (que a su vez supo sacarle el jugo cinéfilo al cine oriental). Un film extremadamente violento merecía el plano secuencia más sangriento de la historia del cine. Es una lástima que, en su etapa hollywoodense, Woo haya perdido su gusto por la violencia y haya sido domesticado por la doble moral norteamericana.
Por último tenemos a Joe Wright. Otro genio tecnicista. Pero esta vez no es un elogio. El plano secuencia de la playa francesa es lo mejor de su película Expiación. Nos muestra, en pocos minutos, el fracaso de los aliados por contener el avance nazi. Allí están, la desolación, la destrucción y lo absurdo de la guerra (las ejecuciones de los caballos por ejemplo). Pero es un plan forzado en la estructura del film. Es como si el director hubiera dicho “vamos a demostrar que bien manejo la cámara”. Es evidente que esta resuelto con mucha belleza (la puesta en escena, la música) pero sólo sirve como golpe de efecto y los golpes de efecto no son cine. De alguna forma me recuerdo cuando Campanella describía el plano secuencia de la cancha de Huracán en el Secreto de sus Ojos y lo justificaba diciendo que la gente podría estarse aburriendo en ese punto de la película y que una toma de ese estilo los volvería a poner en clima. Esperamos que Campanella no estuviera siendo sincero con ese comentario.
El debate está abierto.
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