domingo, 11 de diciembre de 2011

Batman: el héroe romántico contemporaneo


Batman: ¿un aparato represivo para estatal?

Batman es un héroe romántico. Al estilo de Drácula o Frankestein en el siglo XIX. Es un personaje que viene de la oscuridad, de las profundidades, gótico. Lo mueve un sentido de la justicia impulsado por las pasiones, los sentimientos más que por la racionalidad positivista.
En su último libro “Siempre nos quedará París” José Pablo Feinmann caracteriza al enmascarado como un para-policía. Es un justiciero, no encarna a “la justicia”. Siguiendo esta línea y, desde una lectura más bolche, podríamos decir que Batman representa la figura de un “grupo de tareas” que viene a imponer el orden en una Ciudad Gótica sobrepasada por la anarquía, la delincuencia y la violencia (por el terrorismo, en definitiva). Es el brazo armado clandestino del aparato represivo del Estado que entra en acción cuando las instituciones represivas legales no pueden solucionar el momento anómico de la sociedad  para restituir el equilibrio. En ese momento, tiene que emerger este personaje oscuro que no dude en torturar, si es necesario, por el bien de Ciudad Gótica. Hay otro detalle: Bruce Wayne es un empresario multimillonario. Imaginemos por un momento a Macri por las noches con una capa y una careta (esa ya la tiene) yendo al conurbano a combatir el crimen. 
Cuando el Estado no puede garantizar el orden es el mismo capitalita el que se ensucia las manos para que se restituya la “normalidad” y, de esta forma, que las fuerzas productivas puedan reproducirse y el engranaje del sistema no se detenga.
Sin embargo, Batman no surgió ni en los 70, ni en los 90. No es la encarnación del neoliberalismo. Por eso Macri (afortunadamente) nunca usaría una capa ni un disfraz ajustado. Batman surge, como la mayoría de los superhéroes, en la etapa post depresión del 30. Es un personaje que emerge de las mismas entrañas putrefactas de la sociedad norteamericana (a diferencia de Superman que viene de otro planeta). La solución esta dentro de las mismas fronteras, no en el exterior, es el triunfo del mercado interno por sobre el comercio internacional, es el triunfo del nacionalismo, de un modelo económico nacional. Por lo tanto, el hombre murciélago simboliza el rescate del capitalismo pero en su cara más humana, más social, es el superhéroe que trae debajo de su capa el Estado de Bienestar, el modelo keynesiano. Batman también es peronista.

Dejando de lado esta introducción “ideologizada” pensemos a Batman en el cine. Si hacemos un repaso histórico encontramos una película para televisión de la etapa psicodélica y andywarhollesca de los 60, donde Adam West le daba vida al superhéroe. Por cuestiones nostálgicas (y hay que aceptarlo: de cariño personal) no nos vamos a referir a esta cinta, aunque imploro que presten atención a la escena donde Batman tiene que deshacerse de una bomba. No tiene desperdicio. A mitad de los 90 nos encontramos con los dos engendros creados por Joel Schumacher, donde la puesta escena gótica de Burton, fue dejada de lado por unos escenarios chillones e infantiles. Para evitar improperios, no nos detendremos en estos desperdicios de celuloide.
Por lo tanto quedan cuatro películas para analizar: dos dirigidas por el genio creativo Tim Burton y, el otro par, dirigidas por el director más alabado y criticado (en partes iguales) que tiene Hollywood en los últimos años: Christopher Nolan.

Burton: como en casa en Ciudad Gótica

Empecemos por el “loco lindo” de Burton. El Batman de Burton es un Batman de autor. El personaje le vino como anillo al dedo al director para imprimir su estética gótica en ambos films. En la primera película de forma más contenida y, en la segunda, con “lo gótico” cubriéndolo todo.
En “Batman” de 1989 la puesta en escena de Ciudad Gótica es gris, sucia, populosa, con callejones humeantes y oscuros, todo en la ciudad preanuncia peligro (como la Nueva York por la que transita Travis en "Taxi Driver"). La acción se desarrolla en plantas químicas, catedrales góticas que se elevan eternamente hacia el cielo, edificios de arquitectura monumental. Los encuadres de la cámara son poco convencionales, respetando la esencia del comic.
Con respecto a los personajes el Batman de Michael Keaton se luce más en su faceta de Bruce Wayne que a la hora de ponerse el traje de superhéroe. En realidad, el principal conflicto que tiene el Batman de Burton es su problema de identidad, su doble personalidad. En la primera película, se hace patente a la hora de mantener su relación amorosa con Kim Bassinger pero, en la segunda entrega, el conflicto interno de Batman se va a complejizar, aún más, con la aparición del personaje de Gatúbela, que funciona como espejo en donde el héroe puede mirarse. Aquí Burton utiliza bien el efecto de simetría para darle más profundidad al personaje de Keaton.
El villano es el Guasón de Nicholson, una definición por si misma. Son inevitables las comparaciones con el Guasón de Ledger. En mi opinión, estas comparaciones no agregan demasiado al debate Burton o Nolan porque son personajes concebidos de forma diametralmente distinta. El Joker de Nicholson es un gangster que se ha convertido en un criminal psicópata. El Joker de Ledger es un personaje más complejo, un psicópata que ha entrado en el mundo del hampa, totalmente desestructurado, es puro ello (si seguimos a Freud), puro empuje pulsional. Nicholson sigue siendo un criminal y comparte los valores de criminal, continua siendo un villano convencional, aunque con ese histrionismo característico del Guasón (que se emparenta más con el personaje del comic).
El lugar femenino lo encarna Kim Bassinger que, a pesar de cumplir el típico papel de la rubia que se mete en líos y que el héroe tiene que rescatar, Burton también le asigna el lugar de la pureza en el film. Ella representa lo puro en medio de tanta basura que es Ciudad Gótica. Hay que prestar atención a los vestidos de Kim Bassinger: siempre en colores claros, pasteles, etéreos.
El lugar de la justicia no está tan explorado como en los Batman de Nolan, tal es así que ,los personajes de Harvey Dent y el comisionado Gordon son muy secundarios. La historia se centra sobre todo en el duelo entre Batman y el Guasón, lo demás es anecdótico, escenográfico.
En “Batman Vuelve” Burton va a llevar esa puesta en escena gótica y oscura a su máxima expresión. Por esta razón, la Warner no le permitió realizar la tercera película. El director se vengaría unos años después filmando “Ed Wood” en un hermoso y delicado blanco y negro (en mi opinión, la gran obra maestra de Burton).
En la segunda película del enmascarado los guiños cinéfilos continúan. En la primera Batman, la pelea entre el Guasón y el hombre murciélago en el campanario, tiene varias referencias a la obra maestra absoluta del maestro Hitchcock: “Vértigo”. En la segunda película, la presentación del Pingüino, al comienzo del film en algunos travellings y angulares nos recuerda a “Ciudadano Kane”. También en el momento de la postulación para alcalde, las referencias al film de Orson Welles son claras. Otro detalle es el nombre del verdadero villano de la historia: Max Shreck (recordemos que es el nombre del actor que dio vida al vampiro en el clásico de Murnau: “Nosferatu”).
“Batman Vuelve” intenta agregarle complejidad a la historia y a los personajes. La idea de la venganza sobrevuela todo el argumento: la venganza de Gatúbela contra su ex jefe y la del pingüino contra sus padres y la sociedad que lo condenó por ser diferente. Ninguno de los dos son villanos por naturaleza sino que el sistema, la vida los ha llevado a ponerse del bando de los “malos”. El verdadero villano es el personaje de Christopher Walken (junto con Michelle Pfeiffer, lo mejor de la película): el capitalista sin escrúpulos, capaz de contaminar Ciudad Gótica y de tratar de asesinar a su secretaria con total impunidad (Burton logra, sin proponérselo, un film de espíritu clasista).
Decíamos en un párrafo anterior que el personaje de Gatubela servía para darle mayor complejidad al de Batman, al funcionar, al mismo tiempo, como nemesis y como complemento, como objeto de identificación del héroe. “Somos iguales” le dice en un momento Gatúbela a Batman, dos identidades, dos caras.
El pingüino, por otro lado, es un desclasado, un sujeto descartado por la sociedad. Es de gran factura la escena donde los padres del pingüino (millonarios) abandonan a su hijo arrojándolo en una canasta a un arroyo. El bebe cae desde un puente (como símbolo de pasaje de un mundo hacia otro) y luego la cámara, siguiendo el viaje de la canasta, nos introduce hacia lo que se va a convertir en el nuevo hogar del pingüino.
El final de la película es de gran factura también. Por un lado, la “muerte” de Gatúbela y de Max Shreck en un orgasmo de alto voltaje literalmente y por otro, una muerte más melancólica del pingüino, donde su cadáver es llevado por otros pingüinos (estos si de naturaleza animal) hacia el estanque. El agua nos sugiere la idea de un final purificador para tan desdichado personaje (la idea del agua redentora va a ser retomada por Burton en el final de el "Gran Pez:": Albert Finney muere en el río acompañado por su hijo, el agua funciona como instancia de reconciliación entre padre-hijo).

Nolan: dualidades nietzchanas

El Batman de Nolan va explorar otras cuestiones más complejas en la estructura psíquica del superhéroe. El director nos tiene acostumbrados en su filmografía a personajes principales que tienen que luchar con conflictos internos no resueltos (reacuérdese: el Guy Pearce de "Memento", el Al Pacino de "Noches Blancas" o el Di Caprio de la reciente "El Origen"). Christian Bale (el mago con dos "personalidades" en el "Gran Truco" del mismo director) va a encarnar un Batman muy traumado, perseguido por su pasado, por la muerte de sus padres, por la idea de venganza, por la dualidad: justicia por mano propia o justicia desde el Estado. La misma música de factura hanzimmeriana nos introduce a mundo más conflictivo, deshumanizado, a diferencia de la música con pompas heroicas de Danny Elfman en los Batman de Burton. También la voz del héroe, más sombría nos remite a un personaje menos “luminoso”. La oscuridad en Nolan no va a estar centrada en la puesta en escena, como nos acostumbraba Burton sino, en el mismo personaje de Batman.
“Batman Inicia” comienza con un fundido a negro de murciélagos y, en el plano siguiente, nos encontramos rodeados de flores, como simbolo de la ternura de la infancia de Bruce Wayne, a quien vemos jugando. Sin embargo, esta fantasía de pasado idílico en la historia del héroe pronto se desmorona cuando el joven Bruce cae dentro del pozo. Esta es la primera caída de una película (en El Caballero de la Noche también se repite el concepto) donde la idea de la caída es constitutiva de la historia y de la construcción del personaje de Batman. No es de extrañar que la tercera entrega de la saga Nolan se titule The Dark Knight Rises (el ascenso del Caballero Oscuro).
La mayoría de los planos, cuando Batman se dispone a atacar, son en caída, tomados en picado. Estos planos tienen una doble significación: primero es la idea de un héroe redentor de Ciudad Gótica que cae desde el cielo para terminar con los conflictos que asolan la ciudad y por otro es el destino trágico del héroe, que se arroja al vacío hacia un mundo desesperanzado, azaroso, sin destino.
El concepto del ideal de Justicia está encarnado en el personaje de Rachel (la figura femenina aquí no funciona sólo como la mujer que el héroe tiene que salvar). Por otro lado, Batman opera como un justiciero en busca de venganza para acallar sus demonios internos. Esta tensión es la que va a torturar al personaje durante todo el metraje. También la figura del comisionado Gordon cobra más relevancia en la saga de Nolan (agradecemos la elección del bueno de Gary Oldman) trabajando codo a codo a con Batman.
El rito de pasaje en el cual Bruce Wayne se decide a convertirse en la mano clandestina de la justicia de Ciudad Gótica se muestra en la escena en la que a la salida de la entrevista con el gangster de turno, Bruce intercambia su saco con un linyera. El hombre rico que, de repente, se decide a luchar por los desposeídos. Luego Batman comienza su faena justiciera que finaliza en medio de una niebla sobrenatural, metafísica al estilo de la célebre novela de Stephen King.
El inicio del “Caballero de la Noche” se nos preanuncia con el final de “Batman Inicia”. El incendio de la mansión Wayne simboliza la pérdida del costado Wayne  en el personaje de Christian Bale (el playboy, el milonario) en la segunda entrega. Allí, la personalidad de Batman, es la que se impone. Es un héroe menos conflictuado y más decido, más inclemente, de armas tomar. No va a dudar, si es necesario, en torturar al Joker.
La película está orientada a indagar las diversas capas de la condición humana. El comienzo de la película nos brinda toda la información que necesitamos para deducirlo: un rascacielos y de repente un vidrio que se rompe, en el plano siguiente vemos la cámara que se acerca hacia la mascara del delincuente haciendo notar el problema de la identidad, luego en el momento del robo, la eliminación sistemática entre los diferentes ladrones nos llama la atención sobre la naturaleza codiciosa y el instinto de supervivencia en el ser humano. El hombre como lobo del hombre,
La figura de la Justicia está encarnada en Harvey Dent y se irá deformándo hasta convertirse en una justicia de dos caras, en una justicia del azar. El conflicto va a estar dentro de la institución y no en la psiquis del héroe. Si Batman mantenía la figura de héroe romántico en la primera entrega, ahora es un Batman más frío (tener en cuenta la puesta en escena, con predominio de los colores azulados). El lugar romántico va a ser ocupado por el Guasón, quien es la pura pasión, la irracionalidad. 
En “Batman Inicia” el personaje de Bruce Wayne trataba de conciliar dentro de su propia estructura psíquica  la dualidad de apetitos nietzchanos: lo apolíneo (el gusto de la forma, la mesura, el equilibrio) y lo dionisiaco (la pasión, el desenfreno, la anarquía). Con la emergencia del Joker es él quien encarna lo dionisiaco. Hay que tener en cuenta los movimientos anárquicos de la cámara cuando el Guasón irrumpe en el orden burgués de la fiesta de la high society de Ciudad Gótica. Por otro lado, Harvey Dent quien encarna lo apolíneo se ve totalmente desbordado por la fuerza dionisiaca del Guasón y termina convirtiéndose en un criminal. La justicia le va a reclamar ayuda a Batman para que haga el trabajo sucio que la institución no puede realizar. Batman tortura, Dent no.
La idea de dualidad esta presente a lo largo de toda la película. La misma base de operaciones de Batman, refleja por un lado una parte tecnológica y por otro la imagen de un depósito abandonado, también los escenarios tecnológicos, luminosos van en la misma dirección.
El final de la película es esperanzador. Gordon destruye la señal de auxilio. Ya no se necesita un justiciero, de ahora en adelante, la justicia va a funcionar. En la escena final la cámara sigue a Batman en su moto, saliendo de un túnel y dirigiéndose hacia el amanecer, dejando la oscuridad.

Conclusión

Intentar decidir si son mejores las películas de Burton o de Nolan nos parece absurdo. Simplemente porque son películas diferentes.
En definitiva, ambos directores aprovechan la figura de Batman para desarrollar y explorar ideas arguméntales y estéticas que son características en sus respectivas filmografías. El hombre murciélago es sólo una buena excusa para hacerlo.

Batman: el duelo Batman y el Guasón

Batman Vuelve: Muerte del Pingüino

Batman Inicia: planos en picado

El Joker y el movimiento de cámara


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